Seis de la tarde de un jueves cualquiera. En una sala de Apdema, Amalia Andrés, socia de la entidad coordina una reunión. En torno a la mesa se sientan con ella Marino Ruiz, Mari Carmen Escarza, Itziar Zulueta, José María Sánchez, Luis Briongos, José Ángel López de Briñas, Julia Larrauri, Pedro García de Vicuña, Lourdes Olarte y María Teresa Roitegui.
Son diez alaveses con discapacidad intelectual que dos días al mes hablan de sus cosas. ¿Qué son sus cosas? Las mismas que las de cualquiera: sus preocupaciones, sus deseos y sus alegrías. Los diez forman parte de un grupo de autogestores que trata cada día de tomar las riendas de sus vidas.
La llegada de la periodista altera un poco la dinámica. De entrada, se quedan un tanto callados y, además, expresan enfado por el retraso de la invitada a su encuentro. Roto el hielo, se explayan con una soltura y unas argumentaciones que ya quisieran muchas personas sin minusvalía. La primera en hacerlo es Mari Carmen Escarza. «Hablamos de todo y Amalia nos ayuda a demostrar que podemos tomar decisiones. Y es que tenemos que tomarlas con o sin errores, como cualquiera».
Mari Carmen -elude hablar de su vida privada porque «para eso voy a 'Dolce Vita'», dice con gracejo- sí cuenta, y mucho, cuál ha sido la mejor decisión de su vida. «Trabajar, sin duda», recalca. Si algo no soporta esta mujer dicharachera es que a ella y a personas como ella «nos traten como si fuéramos niños. La gente no nos comprende», se queja.
«Todos somos distintos»
En este punto interviene Luis Briongos: «Otras veces nos tratan como a enfermos. Es tremendo. Yo sé que tengo limitaciones, pero todo el mundo las tiene», razona con gran sentido común. Esta reflexión da pie a José Ángel López de Briñas, el más veterano del grupo, a denunciar que «mucha gente no entiende que nosotros podemos decidir y es porque no se dan cuenta que todos somos diferentes». José Ángel está orgulloso de trabajar en una lavandería. «El trabajo tiene muchas ventajas: te distrae, ganas dinero y gastas poco porque te quita tiempo», señala.
Julia Larrauri es un ejemplo de mujer alegre y luchadora. «He tenido mucha pelea con la familia porque ellos, con buena intención, nos protegen demasiado y nos dejan demostrar lo que realmente valemos». «Es que no nos dejan equivocarnos», apostilla Mari Carmen Escarza. «La gente puede meter la pata y no pasa nada; nosotros no podemos».
José Mari Sánchez asiente. Aunque es de pocas palabras, muestra su entusiasmo porque este verano repetirá la experiencia de voluntario como hospitalero en el albergue de Estella. «Fue una experiencia muy bonita, hice muchos amigos; por eso voy a repetir». Para Itziar Zulueta será el primer año. «Quiero hacer hago algo distinto a lo de todos los días». Claro. Como todo el mundo.