Mañana se conocerán los resultados de la pruebas de Selectividad, lo que permitirá a miles de jóvenes iniciar los trámites para formalizar su matrícula en la Universidad. De los alrededor de 8.500 alumnos del campus de Álava, unos 1.500 demandan cada año alojamiento en Vitoria, bien en residencias o en pisos. Son estudiantes procedentes de otras comunidades autónomas o que 'pasan' de desplazarse a diario en autobús desde otras localidades vascas.
Hace unos años por estas fechas, las residencias de estudiantes de Vitoria ya tenían reservadas la mayoría de sus plazas. Sin esperar a conocer la nota, los aspirantes a universitarios querían garantizarse cuanto antes el alojamiento con pensión completa. Pero la situación ha cambiado. A día de hoy, el 46% de las 286 plazas que ofertan los cuatro centros privados de la ciudad están vacantes. Aunque sus propietarios esperan empezar a recibir solicitudes a partir de mañana, todos ellos coinciden en señalar que de un tiempo a esta parte tienen habitaciones libres durante el curso. «Ha bajado mucho la demanda. Hemos pasado de tener lista de espera, a tener camas sin ocupar. No cabe duda de que al abrirse más públicas eso se nota», comentan los titulares de estos centros.
Las razones que explican este fenómeno son varias. «En primer lugar estamos sufriendo las consecuencias de la baja natalidad registrada entre 1985 y 1995», señala el titular de la residencia femenina San José, ubicada en el antiguo convento de las Salesas, en plena zona universitaria. «Faltan carreras, como Medicina o Derecho. Los alumnos de titulaciones fuertes son quienes más demandan una residencia», apuntan en la Virgen Niña, un alojamiento también para universitarias situado en el paseo del Batán. «Los centros públicos nos hacen la competencia, porque además han hecho uno más, el de El Pilar», apuntan desde otra instalación.
Priman las notas
Esta última afirmación, sin embargo, es un tanto cuestionable habida cuenta de que las tarifas de las dos residencias públicas existentes -suman 304 camas- son muy similares e, incluso, superiores a las de las privadas cuando estas últimas siempre incluyen pensión completa. Ocuparse de cocinar no preocupa, por tanto, a los nuevos universitarios, que se decantan mayoritariamente por compartir piso o por acceder a una residencia no privada.
De hecho, las dos de estas características existentes en la capital alavesa esperan cubrir todas sus plazas. «Siempre tenemos lista de espera», señala el responsable de Tomás Alfaro Fournier, un centro dependiente de la UPV, que selecciona a los usuarios de sus 220 plazas en función de la nota.
«Empezamos algo flojos en septiembre, pero al final con los estudiantes extranjeros del programa Erasmus nos ha ido muy bien», detallan en El Pilar. El centro, propiedad del Ayuntamiento de Vitoria e inaugurado en septiembre, ha puesto a disposición de la UPV la mitad de sus 84 plazas, consistentes en unos miniestudios equipados con cocina y baño. Las 44 que le quedan libres se adjudican por orden de inscripción, pero dando preferencia a los alumnos universitarios. En cualquier caso, la instalación siempre suele ser un recurso temporal para los novatos.