Miércoles, 13 de junio de 2007
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ÁLAVA
Cierra el convento de monjas del Divino Maestro, el segundo en este año
Al menos once comunidades religiosas se han clausurado en Álava desde 2003
Cierra el convento de monjas del Divino Maestro, el segundo en este año
MUDANZA. Objetos y cuadros esperan el momento de la marcha de las monjas. / IGOR AIZPURU
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CIERRES 1993-2007
Misioneras del Divino Maestro y Brígidas (2007): Vitoria.

Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús: Artziniega.

Hermanas de la Compasión: Nanclares.

Hermanas dela Misericordia de Moissac: Vitoria.

Misioneras de Nazareth: Vitoria.

Carmelitas Descalzas: Betoño (1999) y Murgia (2003)

Clarisas : Orduña (2003), Calle Badaya, Vitoria.

Hermanos de la Salle: Llodio.

Palotinos: Vitoria.

Sagrados Corazones: Vitoria.

Ursulinas: Hay cambio de propiedad pero las monjas siguen.

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Dos comunidades religiosas femeninas se cierran este año, siguiendo la dinámica de los últimos tiempos a causa, principalmente, de la falta de vocaciones y de relevo generacional. El anuncio, ayer, de la marcha de las tres monjas que forman el convento de las Misioneras del Divino Maestro, en El Pilar, ha conmocionado a este barrio donde habían dirigido desde 1972 el colegio del mismo nombre. Otro adiós doloroso se hizo público en mayo al conocerse la marcha de las Brígidas, monjas de clausura de la calle Vicente Goicoechea con 353 años de arraigada historia en la ciudad.

A estos dos cierres se une el cambio de titularidad del colegio de Ursulinas que en setiembre de este año se convertirá en propiedad de una cooperativa seglar, aunque manteniendo el ideario cristiano. Las 16 religiosas de esta orden continúan, sin embargo, realizando tareas sociales en favor de los más desfavorecidos en los barrios de Sansomendi y San Martín donde tienen dos comunidades.

Misa de despedida

El próximo día 21 de junio, el obispo de la diócesis, Miguel Asurmendi, presidirá una eucaristía en la parroquia del Pilar para despedir a las tres hermanas del Divino Maestro. Ellas son herederas del grupo de monjas pioneras, todas maestras nacionales, de esta orden religiosa que en 1951 ocupó el ala izquierda del convento de Las Salesas con una misión: «dar clases gratuitas a los hijos de obreros».

Su labor educativa fue muy importante al ampliarse a cursos de alfabetización de adultos, a la formación profesional, a una intensa labor entre mujeres y a la especial atención que dieron a los gitanos y a los inmigrantes. Además muchas hermanas de origen vitoriano de esta orden trabajan como misioneras en Colombia, Perú, Venezuela, Camerún y Congo.

Pero las monjas del Divino Maestro se hicieron muy populares en 1972 cuando se trasladaron a un edificio de propiedad municipal en el barrio del Pilar y dirigieron el colegio Divino Maestro. Miles de niñas se han formado en este centro hasta que en 1987 la escuela pasó a titularidad pública, aunque aún era dirigido por maestras religiosas. El peso de las monjas en el colegio que llegaron a sumar 17 fue remitiendo con los nuevos programas educativos mientras que los seglares se hacían cargo de la gestión. Este ha sido el primer curso en el que ya no ha habido ninguna religiosa dando clases.

El ambiente en la casa donde han vivido las monjas, anexo al colegio, estaba ayer cargado de tristeza, aunque ni la superiora ni las demás hermanas, que todavía no saben donde serán destinadas, quisieron hacer declaraciones públicas. Conchi Leciñana de la Oca, antigua alumna que preside la asociación de Cooperadoras Seglares del Divino Maestro, sí expresó «el gran cariño» que miles de vitorianas «tenemos a estas monjas porque nos dieron una educación gratuita que entonces sólo se daba a las niñas ricas y que jamás hubiéramos tenido sin ellas». La mujer asegura que gracias a su esfuerzo muchísimas trabajadoras consiguieron también certificados de estudios al salir de sus empresas y enseñaron a otras muchas a coser.

Carisma

Además de las cooperadoras, las monjas dejan detrás de sí una ONG con más de 100 socios, una escuela de madres y una asociación de antiguas alumnas, que mantendrán vivo el carisma de la orden.

El cierre de conventos es un verdadero trauma para la diócesis. El Obispado se negó ayer a ofrecer datos sobre el número de centros y comunidades religiosas que han desaparecido en los últimos años en Álava. A los ahora conocidos hay que añadir otras once comunidades, tres masculinas y ocho femeninas que se han clausurado desde 1993.

 
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