El teléfono móvil se ha convertido en el enémigo número uno de los colegios. Suenan en mitad de una clase y distraen a todo el mundo. Por eso su utilización está prohibida en los centros escolares. Saltarse esta norma en Marianistas supondrá la retirada del aparato por un período de un mes o durante todo el curso, en caso de reiteración.
Pero además de ser una molestia, la proliferación de móviles ha obligado a los profesores a estar más que atentos en los exámenes. Un celular pequeño con el silencio activado se esconde con facilidad entre la ropa y constituye una 'chuleta' electrónica de primer orden.
La facilidad de los adolescentes para manejar el teclado incluso sin tener que fijar demasiado la vista hace el resto. «Se han dado casos de alumnos que se han repartido un examen de Matemáticas. Uno ha hecho unos ejercicios, otro el resto y después se han intercambiado los resultados por el teléfono», comenta el director de Marianistas, Chema Felices.
El uso generalizado de estos teléfonos ha llevado a los profesores a cambiar de táctica. «Si hay un examen sobre idéntica materia en dos clases diferentes y con un intervalo de una hora no se ponen las mismas preguntas porque se las pasan», dice Felices.
El docente no puede evitar cierta sonrisa al detallar las nuevas jugarretas estudiantiles de la era de la electrónica. Debe ser porque en su colegio aún no ha 'cazado' a nadie copiando mediante el 'bluetooth', un sistema inalámbrico. «Pero sabemos que esto ha pasado en un colegio. Una madre dictó un examen de Historia a su hija», se asombra.