
Las elecciones del pasado 27 de mayo dejaron un panorama político muy abierto. UPN y CDN se quedaron a dos escaños de la mayoría absoluta, lo que abría la puerta a un Ejecutivo a tres bandas entre Nafarroa Bai, PSN e IU. Socialistas y Na-Bai fueron sorteando obstáculos, a pesar de las reticencias que este pacto generaba en Madrid, donde ciertos sectores del PSOE lo veían «peligroso» a ocho meses vista de las elecciones generales.
En vísperas de Sanfermines, la 'fumata blanca' parecía inminente. El 4 de julio, el comité regional del PSN aprobó un documento programático en el que de forma explícita se abogaba por negociar un gobierno con Na-Bai e IU. El texto fue firmado por 104 votos a favor y uno en contra. «No recuerdo tanta unanimidad en mucho tiempo», sostiene Lourdes Montero, concejala en Zizur Mayor y miembro de la ejecutiva provincial.
Pero pasaron las fiestas y la resaca sorprendió a todos. Hace justo siete días, el PSN dio por rotas las negociaciones y propuso un gobierno «de convivencia» con todas las formaciones con representación en el Parlamento. La iniciativa no sólo causó estupor en las filas de Na-Bai e IU, sino también entre gran parte de la militancia socialista.
La pregunta es qué sucederá ahora. Desde que a mediados de la década de los noventa perdiese el poder tras los escándalos de corrupción de Gabriel Urralburu y Javier Otano, el PSN se ha visto inmerso en una sucesión de peleas cainitas que le devoran internamente. Las dos 'familias' existentes -una división que desde la actual dirección se niega de forma vehemente- no acaban de ponerse de acuerdo a la hora de afrontar la línea estratégica del partido. Como apunta uno de los críticos, «no es que haya dos sensibilidades, pero sí dos formas de entender cómo se articulan las mayorías en Navarra». O lo que es lo mismo, pactar con UPN o con los nacionalistas.
Decepcionados
Estos últimos han sido los que con más firmeza han defendido el pacto con Na-Bai e IU y los que más claridad han mostrado su «total decepción», como afirma Lourdes Montero, ante el fracaso de las negociaciones. La edil de Zizur Mayor reconoce su «sorpresa» por lo ocurrido. «No encuentro ninguna explicación», recalca. Para este sector, la responsabilidad no hay que buscarla en Madrid. «Puede que a Blanco -secretario de Organización del PSOE- no le hiciese mucha gracia este pacto, pero tampoco a Chivite. Aquí se ha juntado el hambre con las ganas de comer», recalcan los más decepcionados con la ruptura con Na-Bai.
Más contundente es el ex alcalde de Sangüesa, José Luis Lorenzo, uno de los mayores críticos con la gestión del actual secretario general. A su juicio, Chivite y Puras son «una pareja de impresentables» y unos «cobardes» que tienen que «dimitir», una declaración que por si sola demuestra el nivel de tensión que se vive dentro del partido. Lorenzo no duda en dibujar un panorama sombrío: «Estamos peor que cuando lo de Urralburu; o esto se soluciona o el Partido Socialista está acabado en Navarra». Una opinión muy similar, aunque con matices, a la que mantiene la alcaldesa de Olite, Mari Carmen Ochoa.
Otros, como el alcalde de Cortes, son partidarios de dar un «voto de confianza» a Chivite. Para Javier Blasco, lo importante es que la dirección del partido explique a los militantes de la formación por qué se han roto las negociaciones con Na-Bai. Incluso los sectores más reacios desde un principio a pactar con la coalición vasquista y dejar gobernar a UPN admiten que las formas no han sido las más correctas. «Para este viaje hubiese sido mejor dejar claro que no se iba a negociar con Na-Bai», afirma un militante próximo a Chivite.
Las primeras aclaraciones llegaron el jueves durante la reunión de la ejecutiva. La dirección del partido aprobó un texto de apoyo a Chivite y a Puras en el que se dejaba abierta la posibilidad -aunque sin decirlo expresamente- de negociar con los regionalistas. Habría dos opciones: pactar un acuerdo de gobierno con UPN o dejarle gobernar en minoría. El texto fue aprobado por 16 votos a favor y cuatro abstenciones en una dirección formada por más de 30 personas.
Los críticos no quieren ni oír hablar de esta opción y exigen que se retomen las conversaciones con Na-Bai. En este sentido se expresó el sábado la portavoz de las Juventudes de los socialistas navarros, Erika López, durante el congreso de las Juventudes del PSOE celebrado en Madrid.
Giro
Sin embargo, la clave está en el próximo comité regional, cuya fecha está por decidir. Se baraja el sábado 28 de julio o el 4 de agosto. Será cuando las explicaciones de Chivite y Puras tendrán que ser convincentes. Hasta entonces intentarán sofocar los ánimos, reconducir la situación y explicar las virtudes del giro que pretenden dar. Para ello tienen previsto visitar durante esta semana diferentes asambleas locales repartidas por toda la comunidad. Según los más críticos, «buscan ganar tiempo».
Aunque en el PSN algunas voces hablan de dimisiones inmediatas, la mayoría cree que lo mejor es esperar a que pasen las elecciones generales y llegue el congreso regional del año que viene. Consultado por este periódico, Chivite no quiso dar explicaciones. «Sólo hago declaraciones en el ámbito del partido», se limitó a señalar.
La nueva fecha tope es el 18 de agosto. Si para entonces no hay acuerdo -sea del tipo que sea-, Navarra se verá abocada a otras elecciones.







