
Es la primera vez, desde el 27 de mayo, que un miembro del Ejecutivo se pronuncia en público sobre sus preferencias para Navarra. Lo hizo, además, alguien que no milita en el partido a pesar de llevar unida a él más de una década. Sus palabras fueron después matizadas por el secretario de Organización socialista, José Blanco. No le desmintió, pero sí aclaró que no contempla un «apoyo explícito» a UPN porque existen muchas diferencias y porque esta formación es la responsable de los «problemas de convivencia» que vive Navarra.
Zapatero
Blanco hizo estas declaraciones tras la reunión de la ejecutiva federal del PSOE, durante la cual, José Luis Rodríguez Zapatero pidió a la dirección del partido que intente explicar a los ciudadanos la decisión que finalmente adopte el PSN
«Esperamos que se abra un tiempo nuevo que venga determinado por nuevas actitudes, nuevos comportamientos y nuevas políticas», señaló. Si es así, Blanco aseguró que se abrirán las puertas a una «mayor» cooperación con el partido conservador en un futuro próximo, aunque «en este momento», insistió, no existe posibilidad de «colaboración directa». A su juicio, y al de la ejecutiva federal, es la solución «más favorable» para Navarra y para sus ciudadanos.
El número dos de los socialistas aseguró que en esta opción nada han tenido que ver los intereses de partido. Sin embargo, los principales detractores del acuerdo con Na-Bai en la dirección del PSOE (los secretarios de Política Municipal y Autonómica, Álvaro Cuesta y Carmen Hermosín, entre ellos) alegaban que el pacto podía ser peligroso para sus intereses electorales a apenas ocho meses de las elecciones generales.
En el Gobierno las reticencias tenían otro cariz. Según fuentes de La Moncloa, se analizó también el impacto que pudiera tener en Batasuna el acuerdo de los socialistas con una formación a la que el brazo político de ETA considera traidora -Aralar, escindida de la organización ilegalizada y contraria a la violencia, forma parte de Nafarroa Bai-. Un sector de mucho peso en el Ejecutivo temía que el pacto pudiera acabar con el «mínimo hilo» que aún mantiene vivo el gabinete de Zapatero con los violentos.
La tesis, según las citadas fuentes, fue en todo momento una más. En cualquier caso, perdieron quienes, como los socialistas vascos y catalanes, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, y otros asesores del presidente del Gobierno abogaban por la alianza con los vasquistas con el argumento de que era preciso lanzar un mensaje a la izquierda abertzale y demostrar que alejarse del terrorismo tiene una utilidad.






