Digo para bien, sí, porque la presentación de un cúmulo de proyectos para el teatro, la danza y la música tiene al menos la virtud de reflejar una febril actividad, una preocupación política y hasta una confianza estratégica en la cultura española que no son habituales entre los titulares de esa cartera. Además, qué menos que aplaudir la creación de organismos estatales específicos, la redacción de una nueva ley o, sobre todo, la aplicación de un código de buenas prácticas para los relevos en las direcciones de las compañías nacionales, mediante la elección de los cargos a golpe de concurso y comisión decisora. Evidentemente, la tormenta de ideas y el diluvio de medidas no garantizan automáticamente el éxito. Incluso, el cese anticipado de algunos famosos protagonistas y directores de la danza, el teatro o la música puede parecer traumático y hasta peligroso. Sin embargo, mucho mejor es esto que la parálisis de una cultura tan marginada del presupuesto público, como carente de ideas para salir de un intervencionismo público que la maneja, la controla y la limita en su propia creatividad.
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Alianza japonesa
La moda da un nuevo paso en su alianza con la arquitectura. En este caso, los conjurados a favor de un arte total son el diseñador de moda Issey Miyake y el arquitecto Tadao Ando. El caso es que el primero ha logrado su objetivo de ver construido en Tokio un instituto de diseño contemporáneo, para cuyo proyecto quiso contar con Tadao Ando, el celebérrimo arquitecto japonés que se distingue tanto por sus formas geométricas simples, como por un diseño o un empleo de materiales que aspira a crear espacios transcendentales. Ni que decir tiene que el exterior y el interior del edificio son de una vanguardia ultracontemporánea. Así, mientras que por fuera la forma es triangular y la mezcla de hormigón y cristal permite la entrada de una luz que crea espacios verdaderamente espectaculares, por dentro Miyake no sólo ha buscado un interiorismo sorprendente, sino también un discurso expositivo moderno. Por ejemplo, la primera muestra aborda la temática del hombre del siglo XX, relacionando la aportación artística de jóvenes creadores locales con los grandes iconos de la cultura contemporánea. Modernidad, modernidad y modernidad, como fin y objetivo de un arte total que abarca moda, diseño, arquitectura y muchas otras cosas más.
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Algo se mueve
Algo se mueve en ese otro fangal de la cultura vasca que es el caso de la Fundación Balenciaga. Se mueve en la buena dirección, afortunadamente, ya que el entendimiento de las administraciones implicadas y la entrada del Gobierno vasco y la Diputación de Guipuzcoa en la fundación no parecen ya tan lejanos. Algo que, de producirse, despejaría el horizonte y sentaría las bases para el funcionamiento eficiente de una institución cultural refundada. Ahora bien, todavía existen algunas cuestiones pendientes de resolución. La primera es el reparto de poder entre el ministerio, el Gobierno casco y la Diputación. Un reparto de poder que, en buena lógica, tendrá sus consecuencias en la estructura de la fundación, en la asunción de las deudas financieras pendientes y en la distribución de las aportaciones para el presupuesto. Evidentemente, es el ministerio de Cultura el que tiene la primera palabra, tanto en su condición actual de patrono como en la de principal pagador de las obras del museo hasta hace bien poco. Eso sí, antes que nada tendrá también que darse por terminada la renovación interna en el equipo ministerial de César Antonio Molina, con la consiguiente designación o confirmación de la persona que se va a encargar del 'dossier Balenciaga'.
e.portocarrero@diario-elcorreo.com











