Primero se colocó una cinta adhesiva de granito antideslizante; después, se acotó la zona con vallas provisionales; más tarde, se echó mano de unas jardineras para impedir el paso. Y ayer, por fin, el Ayuntamiento comenzó a vallar y pintar los polémicos escalones que comunican El Mentirón con la iglesia de San Miguel, en la renovada plaza de la Virgen Blanca.
Con estas dos últimas medidas, el Gabinete Lazcoz confía en poner fin de una vez por todas a las decenas de resbalones, tropezones y caídas que se han sucedido en los peldaños de ascenso a San Miguel desde que la plaza se abrió a los peatones el pasado 25 de abril.
Pese a que a primera hora de la mañana de ayer el Ayuntamiento ordenó la retirada de las grandes jardineras de madera colocadas de forma provisional en los dos tramos de escaleras, no fue hasta la tarde cuando los operarios comenzaron a fijar las cuatro barandillas definitivas. Dos de ellas, al inicio y al final del primer tramo de escalones, entre Herrería y Zapatería, y otras tantas en la parte más alta, entre Zapatería y Correría.
En un principio, estaba previsto que los trabajadores terminaran ayer su trabajo, pero la lluvia caída a lo largo de toda la tarde y la complejidad de la instalación -cada barandilla va atornillada al suelo en cinco puntos- obligaron a posponer parte del trabajo para hoy. En cuanto se coloquen las cuatro barandillas, los operarios procederán a pintar de negro el borde de cada escalón para procurar a la cuesta el efecto óptico de una escalera.
Las franjas, de color negro, tendrán seis centímetros de grosor y se pintarán a cuatro centímetros del borde. Además, «antes de echar el poliuretano -explicó ayer un operario a este periódico- se aplicará resina para que la banda sea antideslizante».
Una vez que las barandillas estén colocadas y la pintura seca, el bar Dublín y la cafetería Virgen Blanca -los dos únicos establecimientos hosteleros ubicados a ese lado del recinto- podrán instalar de manera definitiva sus terrazas sobre los polémicos escalones.
Dos nuevos veladores
El Virgen Blanca lo hará de forma inmediata -ya puso, de hecho, alguna mesa días atrás- mientras que el Dublín no sacará sus veladores a la calle hasta comienzos de la próxima semana, pese a contar ya con la pertinente licencia. «Me gustaría poder colocarlos antes, pero necesito unos días para hacer alguna obra menor. Para habilitar, por ejemplo, cámaras, baldas y huecos para la vajilla o los vasos», explicó a EL CORREO su propietario, Luis Miguel Varona.
Así, la renovada plaza lucirá en unos días dos nuevas terrazas con una treintena de mesas y con capacidad para alrededor de 120 personas.