Tres meses y medio después de contar con las 29 propuestas encima de la mesa, la Diputación anunció ayer que la artista alavesa Anabel Quincoces será la encargada de recordar la memoria las víctimas del franquismo con un 'Bosque de luz', nombre con el que ha bautizado su obra. Eso sí, habrá que esperar casi seis meses para ver el entorno de la fachada posterior del Palacio de la Provincia plantada de pequeños y luminosos tallos de cristal. Y lo más llamativo de todo, en una escenario donde, además, desaparecerá el vallado que ahora rodea parte de las dependencias del edificio.
-La Diputación ha apostado por su proyecto, 'El Bosque', para...
-No, no, no. Ya se han equivocado. No se llama así, se llama 'Bosque de luz', sin laísmos ni leísmos.
-Bueno, ¿pues qué ha querido transmitir con su 'Bosque de luz'?
-He querido hacer algo metafórico. Sería algo así como un bosque protector, un contenedor de las almas y la memoria de todos los que perdieron la vida, con independencia de su color político. Todo ello hecho con metal, vidrio y luz.
-Nació en 1968, así que poco pudo vivir de la dictadura.
-He vivido mucho en el extranjero, donde he conocido a bastante gente que sufrió el franquismo. Se tiende a ir mucho a lo político, pero también hubo víctimas sociales: gays, artistas...
-Escucha que la Diputación ha convocado un concurso público, decide presentarse y es cuando la imaginación empieza a funcionar. ¿Qué es lo primero que se le pasó por la cabeza para abordar un tema tan delicado?
-No tiene por qué haber ningún problema para hablar de la memoria histórica. Somos lo que somos por muchos que murieron. Puedo comprender que a nivel político se mosqueen pero yo soy apolítica y no veo nada político en hacer algo artístico en memoria de alguien.
-Es decir, que quita toda connotación política de esta escultura.
-Paso totalmente. Esta escultura, para mí no tiene nada de político.
-¿Por qué su predilección o su manía por recurrir al vidrio?
-El vidrio me evoca a esa parte espiritual, a la pureza, a esa semilla que germina y da luz.
-¿Cómo se extrapola el uso del vidrio para hablar del franquismo?
-Es que yo no pienso en el franquismo. Sólo pienso en las víctimas, en su memoria. Como te decía, el vidrio evoca algo puro, espiritual, algo que tiene luz, que te hace soñar. Para mí, en cierto modo, esas víctimas están vivas.
-Reconoció en su día que exponer en el Artium fue un «sueño» para usted. ¿Qué supone levantar esta escultura?
-Lo del Artium nunca me lo hubiera esperado, pero este trabajo también me parece un sueño, un puntazo. Pero también corro un riesgo muy alto porque voy a hacer algo que se sale de la norma de la escultura pública.
-Usted es alavesa...
-Sí, soy patatera.
-En este tipo de concursos, ¿ser de la tierra es una ventaja o por el contrario, un inconveniente?
-Yo, por ejemplo, he estado más fuera que en Vitoria. Pero creo que, ante todo, prevalece el trabajo. Lo que al final importa es la obra, el artista, lo que hace la gente.
-Por cierto, ¿cómo ve la salud de los artistas alaveses? ¿Se siente respaldados por las instituciones?
-Podría estar mejor. Debemos hacer una reflexión conjunta. Aquí existe un potencial terrible a todos los niveles. Infraestructuras quizá no hay muchas, pero sí dinero y ganas.