La churrera bromea con los centímetros que le faltan a ella y le sobran a él. Martin Rancik acepta el guante e inicia una divertida conversación empapada de ironía y dobles sentidos que embelesa aún más a su interlocutora. Una instantánea realmente divertida a las puertas del Circo Holiday, que está recogiendo sus bártulos en el Puerto Viejo para presentar su espectáculo estos días en Mungia. Sus cocodrilos, pitones y tigres cautivaron al pívot eslovaco, al que no faltó valor para sostener sin trampa ni cartón a un 'aligator' con una dentadura tan nacarada como evitable.
-¿Qué partido guarda como mejor recuerdo?
-En High School, la primera vez que metí 51 puntos con St. Louis Park. Aquí, en primer año en Bilbao, cuando le ganamos al Barcelona.
-¿Cuál ha sido la derrota que más le ha dolido?
-La de esta temporada en casa con el Real Madrid.
-Un compañero con el que haya sentido special afinidad.
-He tenido mucha sintonía con Andy Panko y también la tengo con Luke Recker.
-¿Qué jugador le ha impactado más al medirse con él?
-Smodis. Jugó conmigo en Bolonia y era el prototipo de jugador que cada día te daba el cien por ciento. Me encantó jugar con él y contra él.
-¿Qué rincón de Bilbao o Vizcaya le ha cautivado?
-El paseo que sale del Molino de Aixerrota. Me encanta y lo recorro a menudo.
-¿Cómo imagina a Martin Rancik cuando acabe su carrera como jugador de baloncesto?
-No sé dónde quiero vivir ni lo que quiero hacer. Podría ser a caballo entre España e Italia, quizá con un restaurante o alguna tienda.
-¿Cuántos tatuajes lleva?
-Ninguno.
-Decántese por una ciudad para vivir.
-Por su atmósfera, Roma. No sé si aguantaría tanto como para vivir allí, pero seguro que iría a menudo y pasaría épocas.
-¿Es maniático?
-No mucho. Antes de jugar me pongo primero la zapatilla derecha y luego la izquierda. Eso es todo.