Ehud Olmert golpea la mesa de su despacho con categórica determinación cuando dice mirándote a los ojos que es primer ministro para tomar decisiones. Aunque sean «terribles». Y la suya es ceder parte del territorio del 'Gran Israel' a cambio de conseguir de una vez por todas un Israel democrático, judío y en paz. Distendido, cordial, pero firme en cada palabra, Olmert hacía ayer un alto en su frenética agenda de protocolos y recibimientos a mandatarios de todo el mundo para explicar su programa, un día antes de que se cumpla hoy el 60º aniversario de la resolución 181 de la ONU que creó el Estado de Israel. Quiere, insiste vehemente, poner fin al conflicto. Y por un momento, cualquiera diría que es capaz.
-Casi nadie se toma en serio la negociación que está llevando a cabo con Mahmud Abbas. ¿Qué está sucediendo? En mitad de este proceso, las encuestas en Israel le sitúan a usted en los niveles más bajos de popularidad, y mucha gente se pregunta qué sentido tiene negociar con un líder, el presidente palestino, que no controla nada.
-La alternativa sería no hablar con nadie. ¿Es eso mejor? Las elecciones que hay que tomar son difíciles, no se trata de elegir entre lo mejor y lo peor, se trata de elegir entre diferentes líderes, y lo único que quieres es que tenga la mejor actitud, la mejor disposición en la dirección correcta, y resulta que ese líder es el representante formal y oficial del pueblo palestino, Mahmud Abbas. Hasta qué punto es fuerte... Lo será tanto como su voluntad de poder le dicte. Y ésta es la elección que hice, creo en ella, puedo y he hecho progresos con Abú Mazen, hago todo lo que está en mi mano para avanzar, quiero hacer la paz con palestinos, con Siria, con Líbano quiero alcanzar un fin histórico al conflicto entre nosotros y los árabes. Con el potencial que tiene esta región es el camino más prometedor en el mundo, no hay límites a lo que podemos hacer. Israel está tendiendo la mano a todos los países árabes y diciendo hagamos la paz, dejemos de luchar, construyamos juntos, podemos hacerlo. Nosotros hemos construido Israel en estos 60 años, ¿puede imaginar lo que hubiésemos hecho sin guerras? Ésta podría ser la parte más rica, más próspera del mundo.
-¿Qué ha cambiado para que usted, que empezó militando en el derechismo del Likud, abogue hoy por la solución de dos Estados? ¿Qué cambio político ha experimentado para apostar ahora por la creación de un Estado palestino?
-He cambiado. Tuvimos un ministro de Defensa muy famoso al que todos admiramos, su nombre era Moshe Dayan, héroe de la Guerra de los Seis Días y de la del 56, y decía que sólo un burro no cambia su forma de pensar. Yo no soy un burro y he cambiado mi forma de pensar. La vida ha cambiado, Israel ha cambiado y yo he cambiado. Soy un creyente, leo la Biblia, la historia de mi pueblo, voy a los territorios y encuentro vestigios de lo que he leído en la Biblia. Es parte de mi historia, es parte de mi país. Pero, ¿qué puedo hacer?... Hay palestinos viviendo allí y tengo que tomar una decisión: ¿quiero un estado democrático judío o quiero el 'Gran Israel'? Es una terrible decisión, pero hay que tomarla y estoy aquí para eso, no para filosofar. Un primer ministro se supone que tiene que tomar decisiones y tener el coraje para poder aplicarlas. Y es sobre esta cuestión sobre la que tenemos que adoptar una decisión: si mantener el 'Gran Israel' con todo el territorio y perder la naturaleza judía del Estado de Israel, o ceder parte de tu territorio y mantener la naturaleza judía y democrática del Estado de Israel.
Autodeterminación
-Las 'concesiones dolorosas' que viene anunciando...
-He tomado la decisión, quiero que el Estado de Israel sea más pequeño, quiero que sea democrático y que siga siendo un Estado judío para que sea el refugio de todos los judíos que puedan verse amenazados en cualquier momento futuro. Estoy preparado para ceder y también ideológicamente. Sí reconozco el derecho del pueblo palestino a su autodeterminación y tienen que ejercer esa autodeterminación en algún lugar. Así es que ésta es la solución, no puede haber otra. Todo el debate con los palestinos no se basa ya en esa discusión, se centra en cosas específicas, como por dónde pasará la frontera o dónde estarán las instalaciones de seguridad.
-Israel negocia la creación de un Estado palestino, pero todo el mundo sabe que la Autoridad Nacional ha perdido Gaza, y que allí le será imposible aplicar ningún acuerdo, por el momento. ¿Cuál es su estrategia con Hamás, que domina la Franja desde hace casi un año?
-Si a largo plazo no va a estar Gaza, entonces el Estado palestino quedará dividido. Eso seguro. Y Gaza no será capaz de ser parte de ese Estado palestino reconocido, que será aceptado. Porque el mundo no acepta el terrorismo, nosotros no aceptamos el terrorismo. Hamás es una organización terrorista y así es reconocida por la mayor parte del mundo. ¿Cuál es mi estrategia para Gaza?, la misma que sigo con Líbano y Siria, y en las negociaciones de paz con los palestinos. Ellos (Hamás) ¿quieren hacer la paz conmigo, aceptar los principios internacionales del Cuarteto, los firmados por el pueblo palestino, parar de disparar contra inocentes israelíes?. Quizás entonces podrían ser interlocutores para la paz. Y si no quieren paz, serán responsables de las consecuencias.
-¿Cuál es su visión sobre los últimos acontecimientos en Líbano, después de la abrumadora demostración de fuerza exhibida por Hezbolá la pasada semana?
-Estoy muy descontento por el debilitamiento de primer ministro libanés, Fuad Siniora. Mi objetivo es hacer la paz entre Israel y Líbano, y las probabilidades de llevarlo a cabo son mucho mayores con Siniora que sin Siniora. Estoy bastante entristecido por lo sucedido. No estoy preocupado en el sentido de que no piense que lo que hemos visto supone una gran amenaza para el Estado de Israel, estoy preocupado también con los cambios que se dan dentro de Líbano, en lo que afecta al peso relativo y la influencia de las fuerzas moderadas. Desde Israel hemos dicho que seguimos los eventos en Líbano y estamos pendiente de su evolución.
-¿Le preocupa, particularmente, porque en el fortalecimiento de Hezbolá lo que ve es un mayor empuje de Irán?
-Irán está incentivando las fuerzas radicales en Líbano, suministrando armas, medios, recursos y, ciertamente, es el culpable de esas discusiones. El olor de Irán está allí, el toque de Irán está ahí, las armas de Irán están allí, el dinero. Yo pienso que Irán está allí.
Ayuda de Erdogan
-Usted repite que hay un espacio para la paz con Siria, pero ¿qué tipo de contactos están manteniendo, de qué naturaleza son?
-Lo único que puedo decir es esto: el primer ministro de Turquía, Tayyip Erdogan, mi buen amigo, está involucrado en esto por mí y en el intento de establecer un proceso de negociación entre Israel y Siria. Espero que ese proceso llegue a ser una realidad y un éxito. Es lo más que puedo decir, pero agradezco los esfuerzos del primer ministro turco.
-Ya que habla de su amigo Erdogan, a quien usted recibe hoy como
invitado de honor en las celebraciones del 60 aniversario del Estado es a su gran aliado George W. Bush, que llega a Tel Aviv refirmando su confianza en el primer ministro israelí como un hombre «honesto, abierto y sincero»
-Turquía e Israel tienen mucho en común en el día a día y tienen que trabajar en cooperación. Yo estoy absolutamente orgulloso de la relación con Norteamérica, los judíos en Estados Unidos son menos del 3% de la población y no es ésa la razón por la que nos apoyan: Bush apoya a Israel porque cree que compartimos algo fundamental, básico para la vida de su país. Son valores comunes, los mismo principios básicos, la misma creencia en la democracia, en la libertad, en la igualdad, en el derecho de la gente a defenderse a sí mismo de los enemigos, la misma oposición al terrorismo.