Si hay tres colores que se asocian directamente con la provincia de Sichuán son el negro, el blanco y el verde. Y todos tienen un elemento en común: el oso panda gigante, habitante de los bosques de bambú de una de las provincias más fascinantes de China. En ella se pueden encontrar desde parques naturales como el de Wolong, coronados por espectaculares montañas, como la sagrada Emeishan, hasta centros industriales de primer orden, como el de la capital, Chengdu, pasando por la mayor estatua de Buda del mundo, la de Leshan, que no ha sufrido daños derivados del brutal terremoto que asoló buena parte de la provincia el pasado lunes.
Sichuán, con una población cercana a los cien millones de habitantes -superior a la de Alemania- y un mosaico étnico de gran riqueza, ha sabido reinventarse a sí misma y pasar de ser uno de los territorios más pobres, receptor de aquellos a quienes se pretendía reeducar durante la Revolución Cultural de Mao, a convertirse en el centro neurálgico del medio oeste del gigante asiático. A esta transformación han ayudado las políticas de apertura impulsadas por el Gobierno central, que ha promocionado a Chengdu como importante destino de negocios aprovechando la riqueza de sus recursos naturales y su situación estratégica cerca del centro geográfico del territorio, así como el hecho de ser considerada una de las puertas de Tíbet.
Circuitos turísticos
Sin duda, la industria del turismo ha jugado un papel singular en el crecimiento de la provincia, cuyo nombre se traduce literalmente como 'la tierra de los cuatro ríos' porque aquí tienen su origen cuatro de las arterias fluviales más importantes del país, incluida la que forma el cauce del Yangtsé.
La sustancial mejora de las infraestructuras, muchas de las cuales ahora han quedado dañadas o prácticamente destruidas por el fuerte seísmo, el indudable atractivo de sus paisajes y, sobre todo, el de sus peculiares habitantes bicolores, en peligro de extinción, han introducido a Sichuán en muchos de los recorridos turísticos. Estos circuitos cada vez más demandados por los viajeros ofrecen la posibilidad de fotografiarse con una cría de oso panda en los brazos por el equivalente a dos sueldos mensuales medios en el gigante asiático: 200 euros.
Además, el número de visitantes locales crece a un vertiginoso ritmo del 20% anual, un hecho que ha revitalizado la economía más allá de los grandes centros urbanos. Desafortunadamente, la furia de la naturaleza se ha encargado de echar por tierra muchos de los sueños de sus habitantes.