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Los despojos de Hillary

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Los despojos de Hillary
JESÚS FERRERO
Aunque la senadora Clinton canta victoria por las últimas elecciones primarias y sigue haciendo campaña como si tuviera la Casa Blanca al alcance de la mano, el senador republicano John McCain ha empezado ya a perseguir los despojos de lo que fue la base electoral de la ex primera dama, cuya candidatura tan sólo puede sobrevivir gracias a un milagro.
Cuando Hillary 'celebró' la 'victoria' del Estado de Indiana, que en aquellos momentos era de cuatro puntos por encima de su rival Obama y finalmente se quedó en menos de dos, la acompañaban su marido y ex presidente, que aplaudió mucho pero no sonrió ni una vez, y su hija Chelsea, que parecía a punto de echarse a llorar. Tenía de qué: tras semejantes resultados, por mucho que hablen de una 'recuperación' ante sondeos más negativos, las esperanzas de convencer a los 'superdelegados' que tienen la decisión en sus manos son remotas, y el senador de Illinois tiene casi garantizada la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, una posibilidad que jamás había tenido un negro en la historia del país.
La campaña de McCain ha tomado buena nota y quiere aprovechar los votantes desencantados ante la perspectiva de que les represente Obama. Su retórica se parece hoy mucho a la de Hillary: desde la peregrina propuesta de eliminar los impuestos de la gasolina para bajar los precios en verano, hasta la promesa de crear puestos de trabajo en lugares sin salida, sin olvidarse del voto latino que tan inalcanzable es para Obama por la tradicional rivalidad con los negros.
Los argumentos económicos no resisten el escrutinio de los expertos, pues advierten de que la mejor forma de aumentar el consumo es bajar los precios -justamente lo contrario de la receta que el país necesita para ahorrar energía-. Tampoco es rentable fomentar el empleo en sectores que no pueden resistir la competencia extranjera o los avances tecnológicos, pero en ambos casos se trata de un eslogan atrayente para el grupo que favoreció a Hillary: obreros con escasa formación, grupos de ingresos bajos, personas pobres -especialmente mujeres- de más de 50 años.
Algunos estudios demoscópicos indican que si ganara el 20% de la clase obrera, tendría suficiente para llegar a la Casa Blanca. Son casi los mismos que los llamados 'demócratas de Reagan', un grupo moralmente conservador que teme el izquierdismo de Obama, cuya poca formación les hace ver con sospecha a personas de otros países y razas y muy necesitado de ayuda económica.
Obama se encuentra ante la curiosa situación de que los mismos argumentos dirigidos contra Clinton le sirven ahora contra McCain, y no solamente en cuestiones económicas, sino también en relaciones internacionales: al igual que la ex primera dama, que advirtió recientemente de que 'aniquilaría' Irán si lanza un ataque nuclear contra Israel, McCain tiene una línea muy proisraelí y su única objeción a la guerra de Irak es que no ha sido lo suficientemente fuerte.
El principal problema de McCain es que la lucha Hillary-Obama ha ocupado tanto la atención popular que nadie le escucha ni le sigue, algo que ha de cambiar en cuanto se defina quién es el candidato demócrata. Pero, mientras tanto, él no pierde el tiempo, ni en buscar apoyo entre los seguidores de Hillary -ni de Obama-.
Antes de esta campaña, McCain había sido 'l'enfant terrible' del Partido Republicano, con poco apoyo entre los conservadores pero una gran atracción para los independientes -una de las bases de Obama- y para los latinos gracias a sus generosas propuestas migratorias. Ahora, trata al mismo tiempo de superar la desconfianza de los republicanos conservadores, recuperar el apoyo de los independientes y quedarse con la base de Hillary: son equilibrios para superar la enorme desventaja con que arranca cualquier republicano que trate de suceder a un presidente tan impopular como George W. Bush.

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