Este nombre tiene algo que ver con el de Cristo, ¿no? Y ustedes, señores de esa eskola, ¿creen que Cristo enseñaría a los parvulitos en un idioma totalmente desconocido tanto para ellos como para sus padres? ¿Estorbaría así al legitimísimo derecho de éstos a participar en la formación de sus pequeños? ¿Exigiría a los niños, sus predilectos, años de esfuerzo y de estudio en un idioma extraño, que en lugar de ampliarles horizontes culturales y de relación, se los va a reducir y los va a aislar de otras gentes y pueblos? ¿Preferiría esa meta a la eficaz enseñanza ¡en su lengua materna, usada en medio mundo! para que lleguen a ser buenos profesionales, sin segundas y más que sospechosas intenciones? ¿Colaboraría con los políticos del tripartito en el vergonzoso secuestro moral de la población no euskaldún, bajo la amenaza de privar a nuestros hijos de las mejores oportunidades de empleo futuro, si no nos humillamos ante el ídolo euskérico? ¿Vería con agrado el síndrome de Estocolmo (congraciarse con sus secuestradores y votarles) con que buena parte de los afectados reaccionan ante su propio secuestro?
¿Replicaría a la tan cacareada actitud franquista de antaño de no dejar saborear el pastel del euskera a unos pocos, con la hitleriana de hacernos tragar a la mayoría ese muy otro 'pastel' en que han convertido al mismo euskera al imponérselo por la fuerza? ¿Buscaría directamente y con tanto empeño y soberbia el castigo que se ganó la soberbia de los constructores de Babel, sin pensar siquiera en torre o refugio donde poder cobijarnos del diluvio de la incultura e ineficacia profesional (¿y de disgregación de este país, del vasco?) a que nos aboca tantísimo tiempo y dinero perdidos en conseguir la confusión de lenguas? ¿Vería, en fin, con agrado cómo pretendéis, supuestamente, salar esta tierra con tan extraña forma de enseñar, o más bien con tristeza, la triste manera de desvirtuar esa sal que Él puso en vuestras manos?
Que Cristo nos ilumine a todos, o que la oscuridad adonde nos empujáis os pille confesados.