
OTROS TIEMPOS. Mariano Rajoy, Jaime Mayor Oreja y la presidenta del PP vasco se funden en un abrazo en un acto del partido en Euskadi. / JOSÉ MARI LÓPEZ
Jaime Mayor Oreja ha decidido ponerse al frente de la revuelta contra Mariano Rajoy que desató la presidenta del PP vasco, María San Gil, al abandonar la ponencia política del próximo congreso del partido. El ex ministro de Interior anunció ayer que, junto a la dirigente vasca «y otras muchas personas», va a «dar la batalla para que el PP sea una garantía» frente a las demandas del nacionalismo. En ese sentido, sectores del principal grupo de la oposición temen que su presidente pretenda ablandar la actual posición.
El texto de la ponencia política vio ayer la luz, e incluye las tesis de la líder de los populares vascos, pero no lleva su firma. Un detalle menor, según Alicia Sánchez Camacho y José Manuel Soria, los otros ponentes, porque San Gil «comparte al cien por cien» su contenido. Fuentes de los populares vascos aseguran que buena parte del documento fue ajustado el lunes a las tesis de su presidenta, una vez que ya se había iniciado la tormenta política.
Mientras, Rajoy no sólo mantiene la boca cerrada, sino que recomienda al resto del partido que «no hable y no se meta en líos». En una conversación informal con varios periodistas en el Congreso de los Diputados, confirmó ayer la suspensión del acto que mañana debía compartir con la dirigente guipuzcoana en Vitoria. Con algunos correligionarios llegó incluso a admitir «errores» en la gestión de la crisis y reconoció que debió intervenir «antes» para evitar el choque entre Soria y San Gil durante la redacción de la ponencia.
Según muchos dirigentes del PP, la actitud de Rajoy mina su liderazgo y facilita escaramuzas a la contra como la de Mayor Oreja, que ayer se colocó en la vanguardia de un movimiento interno que defiende no variar ni un ápice la estrategia antinacionalista. El eurodiputado y ex ministro justificó la retirada de San Gil porque «había una idea de modificar sustancialmente su posición». Se pergeñaba «una contraponencia» opuesta a sus planteamientos.
Mayor Oreja, una de las puntas de lanza del 'aznarismo', restó importancia desde Bruselas a que el texto incluya los puntos de vista de la presidenta del PP vasco porque lo relevante «no es la literalidad» sino «la verdad de las personas» y, en este caso, San Gil «dice la verdad». El mentor político de la dirigente vasca confió en que el PP no se adentre «en la carrera de quién miente mejor». E insistió en la necesidad de mantener una «resistencia» ante los envites de las formaciones nacionalistas en Euskadi y Cataluña.
Su intervención echó más leña al fuego que prendió durante la redacción de la ponencia política, una enredada controversia que ayer dio pie a situaciones propias del teatro del absurdo. Los otros dos redactores del documento, el canario Soria y la catalana Sánchez Camacho, presentaron el fruto de sus trabajos con el «consenso al cien por cien» de sus tres ponentes y garantizaron que en el texto «se recogen íntegramente» las propuestas de San Gil.
«Desconfianza»
«Habrá que preguntarle a María por qué no está aquí», apostilló Soria. Como ha informado este periódico, la líder de los populares vascos decidió desmarcarse del documento por temor a que la ponencia «no se administre según el espíritu de la letra». Fuentes cercanas a San Gil reconocieron que «distintas actuaciones» de la dirección nacional en las últimas semanas y las «dificultades» con las que se encontró la líder del PP vasco para incluir su punto de vista en el documento, le hicieron «desconfiar» de las «verdaderas» intenciones de Rajoy sobre un posible acercamiento a los nacionalismos. En este sentido, Alicia Sánchez Camacho aseguró que el domingo por la tarde llegó a un acuerdo con San Gil sobre la redacción final y dijo no entender las razones del posterior desmarque de su compañera.
Fuentes del PP señalaron que el quid de la cuestión estuvo en un despacho enviado por Europa Press, que San Gil conoció horas después y en el que Soria defendía la autonomía de los dirigentes populares para llegar a acuerdos con los nacionalistas en sus territorios. Una forma de justificar sus pactos con Coalición Canaria, pero que confirmó las peores sospechas de la dirigente donostiarra de que la ponencia es «papel mojado» porque las intenciones de Rajoy y sus colaboradores no son las de mantener una firme beligerancia con los nacionalistas.
Esa impresión ya la tuvo San Gil en las discusiones con Soria durante los trabajos previos, y con José María Lassalle, hombre de confianza de Rajoy y que actuó de coordinador de la ponencia. La líder del PP vasco intuyó un giro en la estrategia frente al nacionalismo. «No ha habido la más mínima discrepancia», dijo sin embargo ayer el presidente de los populares canarios.
La división en el partido no hace más que ahondarse pese a los intentos contemporizadores del propio presidente del PP con San Gil y de otros dirigentes, entre ellos Javier Arenas, que también intentó mediar. El único punto en común de unos y otros fueron las loas a San Gil: no hay dirigente que no las haya incorporado a su discurso. «María es de todos» o «María somos todos», dijeron por separado Esteban González Pons, un hombre del círculo de Rajoy, y Jorge Moragas. Llamativo resultó, por otra parte, el análisis que Rodrigo Rato realizó de la situación. Durante un acto de Repsol al que también acudió el ex presidente Felipe González, Rato aludió a la imposibilidad de «soplar y sorber a la vez», dicho que el ex líder socialista aprovechó para susurrar «eso es lo que hace Rajoy». El ex director del Fondo Monetario interrumpió su alocución para sonreir y añadir: «Hay gente que es más lista que otra».