La intervención ayer de José Luis Rodríguez Zapatero ante el Senado sirvió al presidente del Gobierno para lanzar un mensaje a Juan José Ibarretxe y reclamarle que predique con el ejemplo cuando su gabinete exige «negociación y no imposición». El jefe del Ejecutivo se refirió al documento enviado por el lehendakari el pasado viernes a La Moncloa -que reproduce prácticamente los borradores de las frustradas conversaciones de Loyola e incluye la celebración de un referéndum- para denunciar la escasa voluntad de diálogo del mandatario vasco, ya que tal carta es un «contrato de adhesión» y una «ocurrencia» que «no sé ni cómo denominar» ni «dónde encajar». Mostró incluso su sorpresa porque «el encabezamiento» de la misiva ya diera «por supuesto un teórico acuerdo entre el lehendakari y el presidente del Gobierno
Zapatero utilizó estas duras palabras para responder al senador del PNV Joseba Zubia, quien a su vez aprovechó que el jefe del Ejecutivo presidía la primera sesión del Senado en esta legislatura para pedirle que negocie con Euskadi. A pocos días de la reunión que ambos celebrarán en La Moncloa, el presidente acusó a su homólogo vasco de mostrar escaso respeto a las instituciones de Euskadi, ya que, según le recordó, cualquier propuesta institucional debe cumplir unos «trámites legales y constitucionales» y su carta «adolece de un grave problema, que es la falta de consenso en origen», en alusión a la intención de Ibarretxe de acordar con Zapatero un texto que no ha pasado por el Parlamento vasco.
El jefe del Ejecutivo anunció de partida que el plan del lehendakari no es «asumible en ninguna de las categorías conocidas en un Estado compuesto» como el español, y consideró que su propuesta de pacto político no es una proposición de un gobierno, sino más bien «un programa de una ponencia de un partido político».
Adelantó, finalmente, que cuando se reúna con el lehendakari el próximo día 20 le pedirá «que reconvenga» su postura «hacia una posición de entendimiento y desarrollo de algo que ha funcionado bastante bien, que es el Estatuto de Gernika». «Trabajar para mejorar, sí; aventuras, ninguna», sentenció.
Reforma constitucional
Aparte de la polémica con el lehendakari, con quien se mostró dispuesto a conversar «hasta la extenuación», Zapatero desgranó ayer en el Senado algunos de los objetivos de la recién iniciada legislatura. Entre ellos, la propia reforma de la Cámara alta para que se convierta en un auténtico órgano territorial. En ese sentido, el presidente reclamó a los senadores que sean ellos quienes alcancen un acuerdo para esta conversión, que requiere una modificación limitada de la Carta Magna y ha sido un punto de conflicto con el PP durante los últimos cuatro años. El jefe del Ejecutivo afirmó que la reforma constitucional «sigue mereciendo la pena» y sostuvo que el clima político actual, «más sosegado y eventualmente más receptivo a una iniciativa como ésta», debería facilitar la tarea. Sin prisa. «Con toda la legislatura por delante», dijo.
También aludió Zapatero al consenso para subrayar que el nuevo modelo de financiación autonómica deberá definirse «a partir de un acuerdo entre todos» y dar como resultado un sistema que asuma el impacto de diversas variables, no sólo la población sino también «sus variaciones, la dispersión territorial, el envejecimiento de la población o la insularidad». Con estas palabras, afrontó otra fuente de fricciones entre los partidos y que él considera que debe mejorarse «por solidaridad» y para lograr un «desarrollo más equilibrado del país».
Entre otros objetivos, recalcó que el Gobierno defenderá que el nuevo sistema implique mayor corresponsabilidad fiscal por parte de las comunidades autónomas «para garantizar que cada administración asume, en el momento de decidir sus gastos, la responsabilidad de conseguir los ingresos necesarios para ello».