«Los políticos mienten con excesiva frecuencia, de forma descarada, radical... con mucho morro. Tienen la costumbre de mentir, y además cierta justificación. Debemos oponernos a ello». Palabras de Javier Sádaba, pensador, filósofo y catedrático universitario de reconocido prestigio. Ayer pronunció en Logroño, en el ámbito de la UR, la conferencia 'Ética y Mentira', donde desgranó sus planteamientos y conclusiones acerca de dos términos que semánticamente puedan parecer antagónicos.
O no: «Los seres humanos usamos la mentira como algo propio de nuestra constitución, empezando por intentar parecer más guapos o mejores de lo que somos. Pero hay grados». En efecto, a la hora de mentir, hay mentiras «blandas», del tipo de «no decirle a alguien que está sufriendo mucho algo que sabes va a incrementar aún más su sufrimiento, aunque sea la verdad». El problema asoma cuando «se instrumentaliza la mentira, se miente para aprovecharse, para hacer mal». Y es aquí cuando aparece la ética, «para decir que es inmoral».
Un problema, claro está, por aquello de lo subjetivo de la propia ética. «Como en todo, hay distintos peldaños, es gradual. En algunos casos, está muy claro que la mentira es admisible; en otros, que es flagrante. En los intermedios», añade, «hay que afinar».
Políticos
En el caso de los políticos, opina, la mentira es frecuente y muchas veces «descabellada». Encima, asume que existe cierta justificación teórica a hacerlo, proveniente de pensadores como Maquiavelo, que defendían la imposibilidad de ser político con el Padre Nuestro. A esto se se suma «el querer mantener el poder, pase lo que pase».
Y no es cuestión de retórica o de interpretaciones distintas: «La retórica bien hecha es bonita, pero generalmente la que ellos usan es bastante floja». Por eso, aquí la ética se hace más imprescindible, «para oponerse a todo ello, a fin de cuentas, lo que hacen y dicen no lo hacen para ellos, sino para el pueblo al que dicen representar». Hecho este repaso concreto, lo cierto es que la ponencia va más allá, es más global: «A la ética le interesan aspectos muy humanos, y uno es la verdad. Aunque a veces lo inmoral es justo decir la verdad, lo cierto es que lo que debe prevalecer es la tendencia a la veracidad, a tomarnos más en serio, querernos un poco más y no instrumentalizar al otro».