La polémica está servida. 48 horas después de que EL CORREO desvelara que el alcalde de Vitoria, el socialista Patxi Lazcoz ha exigido por sorpresa al Gobierno vasco que el tranvía circule por General Álava por un solo carril, en vez de por los dos previstos, para extremar la seguridad -lo que rechaza de plano el Departamento de Transportes-, este periódico ha querido pulsar la opinión de comerciantes y vecinos.
Este diario recorrió ayer los establecimientos comerciales de la controvertida arteria y pulsó la opinión de una treintena de minoristas y de una decena de residentes. La mayoría ve con buenos ojos la idea de Lazcoz. Pero con dos condiciones: exigen que cualquier cambio que se realice tenga carácter definitivo y que no implique alargar en el tiempo una obra de la que la mayoría se confiesa «harto», algo incompatible con la iniciativa del regidor.
«No entiendo cómo pensaron que una calle como ésta soportaría el paso del tranvía por dos vías. Por sus dimensiones debería haber sólo una», asegura Juan Carlos Cárdenas, de la tienda de ropa Cop. Copine. Otros dieciocho comerciantes consultados comparten esta reflexión y la mitad de los vecinos encuestados. «Estaría muy bien que los convoyes fueran sólo por un lado de la calle. Ello permitiría habilitar en el otro una zona para carga y descarga, y se facilitaría el paso de los vehículos de emergencias», subraya Jorge, de la floristería Díaz de Argote.
Los minoristas rechazan, sin embargo, que el tranvía circule por una vía sólo hasta que los vitorianos se familiaricen con él. «Eso es absurdo, algo propio de 'Barrio Sésamo'. Parece que somos tontos y que no sabemos mirar en la calle», critica Cárdenas.
Por este motivo, defienden que si se acepta el cambio que plantea el Consistorio sea permanente. Y es que el gran temor que albergan los afectados es que se alarguen las obras. «Si lo dejan definitivamente en una sola vía, genial, pero si eso obliga a volver a abrir la calle o a adaptarla, pues no. Que lo hagan de una vez y listo, porque no podemos más. El ruido, el polvo y las molestias es algo insoportable», añade Joana, desde el mostrador de la tienda Inside, en lo que constituye un perfecto resumen de otra opinión generalizada.
Temor por accidentes
Especial hincapié requiere la cuestión de la seguridad. El temor a futuros accidentes por la cercanía de los convoyes a las aceras es una preocupación tangible. «Con la poca distancia que hay, nos da miedo que los niños salgan corriendo y pase cualquier cosa», desgrana la encargada de la lencería Oysho. «La gente mayor nos dice que tienen miedo, creen que les va a atropellar», añaden desde la farmacia Jiménez. «Es muy probable que ocurra alguna desgracia, parece que los muertos ya están incluidos en el coste total del proyecto», insiste la propietaria de la joyería Ache. «Es una salvajada que sólo dejen metro y medio de separación desde la entrada de un local como Carrefour», se suma un enfadado Juan Urraca.
El gerente de este supermercado, Julio Iglesias, partidario de una única vía central en la calle, exige que en las salidas de los establecimientos se instalen unas pequeñas vallas, «no continuas, que hagan de barreras y eviten problemas». Otros comerciantes sugieren también la colocación de jardineras o bolardos divisorios. Muy molesto, Iglesias critica a las instituciones por «no haber consultado nada a nadie antes de hacer las cosas». «A estas alturas me parece un poco tarde para conseguir cambios», agrega.
«Falta de planificación»
Rogelio Calvo, vecino de General Álava, incide en la misma idea. «¿Por qué no lo diseñaron bien desde el principio? Querían hacerlo a toda costa y no pensaron en los problemas que causarían a todos los de esta calle». lamenta. «No sé cómo las instituciones han empezado la obra sin tener las cosas muy, muy claras», coincide María José Arrabal, de la panadería Casa Gascón.
Y es que muchos, pese al avanzado estado de los trabajos, aún se lamentan de que el trazado de la primera línea del metro ligero haya incluido esta céntrica calle. «Deberían haber rodeado el centro, como una circunvalación, sin entrar aquí. Además de que ya veremos luego si la gente lo usa», advierte Joana.
No faltan quienes, los menos, expresan su absoluta confianza en este nuevo medio de transporte. Es el caso de Maite Fuentes, de la joyería Jolben, quien confía en que «todas las distancias estén bien calculadas y pronto nos acostumbremos a su paso».