No me gusta hablar de ETA en las columnas porque creo que lo que buscan es precisamente eso. Estoy convencido de que persiguen la publicidad porque sin ella no son nada. Sin la continua propaganda de sus acciones criminales y de las reacciones de repulsa que ocasionan en la sociedad civil, el grupo terrorista carece de entidad. Por eso no les importa lo más mínimo atacar y hacer sufrir al pueblo que dicen representar. Sencillamente es lo único que saben hacer. Y necesitan hacerlo para utilizar el dolor como argumento. Su producto, la marca que venden, es muerte. Lograr que los informativos comiencen con la noticia de un atentado mortal es su máximo logro. Se los pueden imaginar, contentos con eso. De todas formas, lo peor que le puede pasar a un grupo terrorista es empezar a tener un aspecto obsoleto. Como un reducto de algo de otra época. Es cierto que no podemos vislumbrar su final. Los partidos políticos han resultado muy decepcionantes en este sentido. Está claro que cada uno busca su propio beneficio y punto. Y que no podemos esperar gran cosa de ellos. Pero la sociedad civil ya ha reaccionado hace tiempo. Y ha dejado atrás a ETA. Definitivamente. Va por otro lado. Todo el mundo lo ve. Incluso ellos. Podrán seguir matando, por supuesto. Matar es fácil. Y más, aparcando coches bomba por ahí. Pero será un matar para nada. Un matar por matar. Única y exclusivamente publicitario. Y además, sabiendo que con cada nuevo crimen ellos mismos se van deteriorando. Porque, aunque guarden silencio, es cada vez mayor el sector de la izquierda abertzale que considera ya inútiles y absurdos los atentados sangrientos. De modo que su situación resulta en el fondo bastante paradójica. Por una parte, necesitan matar para no desaparecer. Y por otra, con cada nuevo atentado se hacen más pequeños y adquieren un aspecto más enajenado. Eso es la derrota, la enajenación del rumbo y el abatimiento de la tripulación. Y viceversa. Y eso ya ha ocurrido. Matar a gente de vez en cuando es fácil, repito. Si sólo es eso, puede hacerlo cualquiera. De hecho, está demostrado que son los fanáticos y los psicópatas los que mejor lo hacen. Asesinatos de individuos indefensos, cuando se dirigen al trabajo, o matanzas indiscriminadas en lugares públicos. Es lo mismo. Lo difícil es comprender a los jaleadores de la banda. A esa masa social que aún justifica y aprueba los asesinatos. Y en otro orden de cosas, también cuesta entender, claro, que dadas las circunstancias el lehendakari se empecine en enarbolar el tema de la consulta cuando sabe muy bien que ese asunto, lejos de ayudar a nada, más bien causa desencuentro y discordia. ¿Tendrá sus motivos? Por supuesto. Como siempre. Pero bueno.