Quién mejor que la Guardia Civil en este país simboliza la dignidad, la defensa de la libertad, el servicio leal para la aplicación de las leyes y la entrega cívica. Cuando anteayer en la localidad alavesa de Villarreal (Legutiano) los asesinos de siempre volvieron a profanar la vida y la libertad y con su atentado trajeron una vez más la desolación y el dolor, resurgió de nuevo de entre los escombros la dignidad de lo que significa lo mejor de nuestra sociedad. La derrota de ETA la representa como nadie en España la Guardia Civil y por eso, y sin dudarlo, el compromiso de todos tiene que estar con el aplastamiento democrático y la asfixia policial y judicial de la banda terrorista que en nombre de un obsoleto y letal nacionalismo empobrece todos los días a nuestra tierra.
Juan Manuel Piñuel Villalón, guardia civil de 41 años, fue asesinado el miércoles por ETA y con él volvieron a ser rematadas tantas víctimas, resurgieron de nuevo tantos recuerdos horribles y volvió a experimentarse esa sensación de impotencia y de indignación que tantas veces hemos sentido. De nuevo nos concentramos en el dolor en la capilla ardiente, abrazamos a sus familiares y compañeros, contemplamos horrorizados el escenario del crimen e hicimos votos por la recuperación rápida de los heridos. Y pedimos también a Dios por Juan Manuel y todas las víctimas del terrorismo en su funeral. Ya lo hemos vivido antes pero ahora lo sentimos más que nunca porque no se acaba.
Y es que un chivato asesino primero informó, dio instrucciones y apuntó, y luego la basura humana de un grupo de criminales pusieron 100 kilos de muerte en el precioso pueblo de mi abuela Carmen. Y todos ellos, el chivato y la banda, casi con toda seguridad o bien son amigos de algún concejal de ANV o han formado parte de alguna de sus listas en alguna de las localidades en las que incomprensiblemente se les permitió concurrir, o incluso alguno de ellos es en la actualidad miembro de algún comité o falange del partido que hoy sirve de disfraz a ETA. Y es que ETA y ANV son lo mismo, el odio a la Guardia Civil y al resto de instituciones democráticas, el odio a España y la obsesión por empobrecer y degradar todos los días nuestra sociedad son las señas de identidad de ese conglomerado al que una de las lamentables exigencias de la negociación-cesión le permitió llegar a las instituciones. Y el Partido Comunista de las Tierras Vascas tampoco condenó en el Parlamento vasco el nuevo crimen de ETA. Y es que todo el mundo sabe que todos ellos son lo mismo.
¿Y ahora, qué? Pues dignidad. La de la Guardia Civil llevada a la práctica diaria por toda la sociedad. La de la derrota de ETA, sin pedir perdón y sin matices, la del compromiso con la memoria de Juan Manuel Piñuel que hoy ya exige, además de esa dignidad y de esa memoria, la justicia de la que tan buen agente también era. Es el día de reclamar a quien corresponda que lo que hay que verificar es el compromiso negro sobre blanco en la defensa de las libertades y en un pacto antiterrorista como el que se impulsó hace 8 años y que dio como fruto el peor momento que ha vivido ETA en su historia. Ese pacto, que alguno se encargó unilateralmente de desarticular, hay que retomarlo tal cual.