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La dimisión ayer del hasta ahora presidente de Iberia, Fernando Conte, y su relevo por Antonio Vázquez Romero, ex máximo responsable de Altadis y consejero de la aerolínea entre 2005 y 2007, coincide con un momento de singular complejidad no sólo para la compañía española, sino para el conjunto del transporte aéreo internacional. La crisis económica está forzando los cambios en la forma de concebir el negocio y las reestructuraciones que ya se habían iniciado con la irrupción en el mercado de factores como los vuelos de bajo coste o de medios alternativos como el ferrocarril de alta velocidad. Una vez consumada la fase más pronunciada de la recesión, las dificultades se han extendido a la totalidad del sector, que está experimentando procesos de recorte de ingresos, despidos y obligadas reorientaciones en sus rutas y servicios. Prueba de ello es que la gran patronal de las aerolíneas del mundo prevé pérdidas este año de 9.000 millones de dólares fruto de la reducción en las toneladas de carga y en el número de viajeros. Las dificultades económicas han hecho además que las compañías se muestren muy sensibles a problemas vinculados al ciclo recesivo como las severas fluctuaciones de los precios del petróleo y a otros sobrevenidos, como la contracción en los desplazamientos por efecto de la pandemia de la nueva gripe.
La inevitable reconversión del sector exigirá una relajación de las prácticas proteccionistas, que redunde en una mayor flexibilidad a la hora de poder emprender procesos de concentración transnacionales; al tiempo que está acelerando ya el redimensionamiento de las compañías de bandera, sometidas a una evaluación de su rentabilidad y calidad. El hecho de que los nuevos gestores de Iberia deban lidiar, además del impacto de la crisis, con los escollos de la estancada fusión con British Airways evidencia cómo el bache económico que aconsejaba la operación anunciada hace ya casi un año ha acabado por agudizar las complicaciones existentes para la misma. Las fuertes expectativas empresariales creadas en torno a la unión de ambas compañías corren el riesgo de actuar en sentido negativo si se prolongan las incertidumbres sobre la negociación, que precisa garantías de solvencia para poder alumbrar con futuro la tercera gran aerolínea del mundo.

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