Confiemos en que el nuevo equipo de la consejería de Cultura empiece pronto a tomar decisiones con respecto a la Fundación Balenciaga, no vaya a ser que pasen las navidades, la primavera, el verano, el otoño o el año entero.
Fíjense que justo antes del cambio de gobierno las cosas parecían ya definitivamente solucionadas. Quiero decir que la anterior consejera de Cultura había tomado ya la decisión de incorporar el Gobierno vasco a la Fundación Balenciaga, junto con el Ministerio de Cultura y la Diputación de Guipúzcoa. Una solución que permitía retomar un proyecto cultural ciertamente valioso. Pues bien, las cosas siguen igual después de cien días de la toma de posesión del nuevo Ejecutivo.
¿Igual? Igual no, mucho peor. Peor, sí, ya que mientras por un lado ha dimitido el secretario de la fundación que había sido nombrado por el Ministerio de Cultura, por otro la misma fundación ha sido condenada a pagar por despido improcedente cerca de 300.000 euros a la que fue su gerente, Leire Lekuona. Un desastre completo y una parálisis permanente, creo yo, ante las que sólo se responde desde Cultura con el soniquete repetitivo de que ya se ha firmado un protocolo de refundación entre Ministerio, Diputación y Gobierno vasco. Un soniquete acompañado de la aportación presupuestaria para la construcción del Museo Balenciaga en Getaria, eso sí, pero también un soniquete que no aclara ni soluciona nada. Así las cosas, recemos para que la consejera y sus leales colaboradores vean la luz y encuentren fuerzas para adoptar algunas decisiones. Y más pronto que tarde, por favor.
LIBROS
Ministro indiscreto
La verdad es que la sinceridad del ministro francés de Cultura, Frédéric Mitterrand, se está convirtiendo en un grave problema de Estado. De hecho, ya no es sólo que su impetuosa defensa de Roman Polanski en una rueda de prensa fuera la causante de numerosas protestas, sino que encima el exceso de sinceridad en sus memorias escritas hace ya algún tiempo también está generando ahora muchos problemas. De hecho, en uno de los capítulos de ese libro de memorias, 'La mauvaise vie', Mitterrand confesaba tanto las visitas a prostíbulos masculinos en Tailandia, como el pago por servicios sexuales a jóvenes de esos establecimientos.
Ni que decir tiene que la cita ha producido ahora una ola de acusaciones contra su turismo sexual, ante la que el propio Mitterrand se ha visto obligado a pronunciarse en contra de la explotación sexual de los jóvenes. Y no queda en eso la cosa, ya que en otro de los capítulos del libro el ahora ministro también comete una grave indiscreción. Una grave indiscreción con vínculos españoles, ya que Mitterrand descubre a un diplomático español como uno de los grandes amores de su vida. Un amor español casado con una señora también española, con la que Mitterrand comparte la desgracia de haber sido traicionado por la misma persona. Evidentemente, a nadie le importa la condición sexual del ministro francés. Encima, sus memorias son interesantes y además están bien escritas. Pero lo que no se puede ser es un boquirroto indiscreto o, mejor dicho, un hablador que luego niega o se avergüenza de lo que ha dicho. Vamos, un bocazas arrepentido.
INTERNET
Pacto europeo
La restricción o el corte del acceso a Internet es ya una variable posible, una vez que las instancias europeas han pactado una futura norma en la que no se incluye la autorización previa del juez, cuando las descargas ilegales sean reiteradas. Que el Gobierno español la aplique o no en toda su amplitud es cuestión que solo a él le compete, aunque lo conveniente sería una respuesta inmediata tras muchos meses de dilación.
En buena lógica, el Ejecutivo tendrá que buscar algún sistema o método preventivo contra el pirateo cultural, ya que nuestro país se ha convertido en los últimos años en el paraíso del delito contra la propiedad intelectual. Un pirateo que ahora tiene su máximo apogeo en Internet, donde las descargas ilegales de música y películas están a la orden del día.
La norma consensuada en Bruselas permite legislar a los gobiernos sobre el control de las descargas, autorizando la adopción de medidas sin la autorización del juez, pero garantizando siempre una revisión judicial efectiva. Algo que no va a gustar a los partidarios de la 'barra libre' en Internet, si bien la necesidad de atajar un pirateo descontrolado hace recomendable cualquier medida de limitación y de sanción. Además, tampoco tiene mucha importancia el que se posibilite el corte de Internet sin pasar por el juez, ya que nuestro ordenamiento jurídico y nuestro estado de derecho tienen suficientes mecanismos como para garantizar el respeto de los derechos y las leyes. Derechos y leyes, en fin, que por otra parte son vulneradas e ignoradas flagrantemente por el pirateo y por sus defensores.
e.portocarrero@diario-elcorreo.com