Agustín Fernández Mallo es el autor de 'Nocilla Lab' y antes lo fue de 'Nocilla Experience', y antes de 'Nocilla Dream'. Por lo tanto es quien ha dado nombre, aun sin quererlo, por obra y gracia de los periodistas y críticos, a una nueva generación de escritores agrupada bajo el título de Nocilla. Y todo porque una tarde estaba escuchando la radio y oyó una canción que hacía años que no escuchaba, la de Siniestro Total que dice 'Nocilla, qué meriendilla'. También tenía en mente una foto de zapatos abandonados en un desierto que le había parecido de lo más poética. «Estas dos cosas tenían que juntarse, pero no sabía cómo. Cosas del azar.
Eran dos de esos 'inputs' que recibimos a lo largo del día, fragmentos del mundo, sensaciones, recuerdos, intuiciones. «Hay muchísima información de todas partes que nunca llegamos a procesar. Pero aunque no lo entiendas del todo, tiene sentido», dice Fernández Mallo (La Coruña, 1967). «Y así, de alguna manera, es como yo escribo». Fragmentariamente. Mezclando. Reutilizando. Reciclando. Como es el mundo. «La mitad de las cosas no las entiendes, pero son parte de tu vida».
Primer punto de la obra de este escritor: la gestión de la coincidencia. El azar. Así llega uno a escribir narrativa. Un día tiene un accidente en la otra punta del mundo, tiene que estar casi un mes en una habitación de hotel y se lanza a escribir.
Segunda mano
Así llegan las cosas a ser material de novela. Incluso a ser tres novelas. «Que sean tres es una casualidad. Supongo que todos tenemos la trilogía grabada inconscientemente». Un fetiche literario. Por azar llegan hasta los títulos. «Si es bonito, no necesita explicación».
Punto dos: el pensamiento de segunda mano. «El vídeo del proyecto Nocilla, en mi blog, habla de eso, de los cuadros inspirados en fotos, de reflexiones sobre ideas de otros, de cómo unas ideas llevan a otras».
Tercero: el experimento en sí. «Me senté a experimentar y salió esto», dice el escritor. «Lo llamé proyecto, pero no es proyectado, es orgánico, sale o no sale. Darle el nombre de 'proyecto' es una broma, como hay tantas en mis libros. Algo falla en mi maquinaria que cuando me pongo a intentar, a corregir, a esforzarme, no me sale nada». .
Más fragmentos de Nocilla. Complejo pero no complicado. «Un organismo vivo es complejo, pero no tiene por qué ser complicado. Mis novelas no lo son. Son fluidas, se entienden, tienen un público variado, y eso es toda una lección de humildad», describe. Va más allá: «A mí no me gusta el escritor que a propósito maltrata al lector. Tiene que regir la presunción de inteligencia del lector; si no, hay maltrato».
Y siempre, sobre cada pieza, la poética, la búsqueda de metáforas nuevas, modernas, que «reflejen el mundo de hoy». «Yo he abierto más una puerta que ya se había abierto poco. No tengamos miedo de buscar nuevos caminos», anima. Que, en su caso, pueden perfectamente estar lejos de las novelas. Agustín Fernández Mallo reconoce que no tiene ninguna otra en mente y que anda «en asuntos de poesía. Todo lo que hecho viene y bebe de la poesía». A lo mejor no escribe nunca más novela. «Y no pasará nada». La casualidad dirá.