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Ni contigo ni sin ti

Más allá del 'péndulo ideológico', el PNV busca asegurar su futuro con una actitud capaz de alternar el discurso radical contra el Estado con el apoyo a las Cuentas o la ley del aborto

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La disposición del PNV a secundar la reforma de la legislación sobre el aborto planteada por José Luis Rodríguez Zapatero -hace 24 años votó en contra- ha sido el reflejo más claro, que no el único, de la evolución experimentada por la formación nacionalista en el último cuarto de siglo. Los jeltzales no sólo han escenificado su distanciamiento de la jerarquía católica, sino que, rebuscando en el pasado, es posible encontrar otras claves de su giro socialdemócrata. Entre ellas, su alianza con Ezker Batua, su incorporación a los Verdes en el Parlamento europeo, pese a apostar en los setenta por la energía nuclear, o el cambio de rumbo en su política fiscal, dirigida a 'castigar' a las clases más adineradas.
Expertos consultados por este periódico coinciden al señalar que existen dos factores distintos, si bien relacionados entre sí, a la hora de analizar, «huyendo de clichés», la «mutación» del PNV. Por un lado, la capacidad de la formación que ahora lidera Iñigo Urkullu de evolucionar a la par que la sociedad y, por otro, los intereses derivados de la coyuntura política, que le llevan a hacer oscilar su famoso péndulo entre la moderación y la radicalidad como garantía de futuro.
«El PNV ha sabido leer bastante bien el sino de los tiempos y asumir la reforma del Estado del Bienestar como partido que gobierna o que aspira a hacerlo», considera Ander Gurrutxaga. Catedrático de Sociología por la UPV y autor de varios libros sobre el nacionalismo vasco, Gurrutxaga no es ajeno a los cambios vividos en el feudo jeltzale y destaca la influencia del relevo generacional y la mayor presencia de la mujer en el partido como dos aspectos a tener en cuenta al valorar la posición desde la que los peneuvistas se enfrentan a los nuevos desafíos.
Una línea difusa
La última prueba en este sentido ha sido la postura favorable a la reforma de la ley del aborto manifestada por Margarita Uria, militante del PNV y ponente del informe del Consejo General del Poder Judicial, un paso al frente que años atrás habría resultado impensable. «Ha habido una renovación interna. Los que dirigen ahora el partido son conscientes de la secularización de la sociedad -los partidos confesionales apenas tienen fuerza en Europa- y del valor que tienen las políticas sociales. De ahí que cada vez haya menos diferencias entre las formaciones y que la línea que separa la izquierda de la derecha sea hoy tan difusa», apunta.
El filósofo y ensayista Daniel Innerarity ahonda más en esa tesis. Para él, la evolución del PNV es algo que ha ido «siempre en paralelo» al desarrollo de la sociedad, siendo esa misma adaptación la que «le ha permitido estar tanto tiempo al frente del Gobierno vasco». «Hace años el nacionalismo era cercano a la Iglesia porque su presencia era fuerte, al igual que la democracia cristiana era la ideología más avanzada. Pero los tiempos han cambiado». Innerarity, cuyas tesis sirvieron de inspiración para gran parte de la política modernizadora que Josu Jon Imaz trató de introducir en el PNV, recuerda que el que fuera presidente del Euzkadi Buru Batzar «situó en el terreno internacional al partido en la alianza con la izquierda».
Por ello, rechaza hablar de un «giro exagerado» de los jeltzales. «El PNV, como partido antifranquista, siempre se ha sentido más cómodo en el centro izquierda. De hecho, parte del camino que ha recorrido Zapatero ya se había hecho en Euskadi. En la ponencia económica de 1977 ya hablaban de nacionalizar la banca y el Parlamento vasco aprobó antes que Madrid una ley sobre los derechos de los homosexuales», argumenta.
La implantación del PNV en la sociedad vasca, englobando en su seno a sectores muy diversos, ha provocado que las posturas ultraconservadoras hayan dejado de ser asumibles para el partido. «Aunque su evolución en este sentido ha sido lenta», matiza Lugder Mees. Para este catedrático de Historia Contemporánea, autor de varias investigaciones sobre el nacionalismo vasco, «el PNV se encuentra en la actualidad en la fase de aprender de los errores». «Hasta ahora ha dado la imagen de tener una única idea, el 'plan Ibarretxe', lo que ha contribuido a alejarle de las preocupaciones reales de la sociedad», señala.
Mees, ex vicerrector de Euskera de la UPV, considera que, más que una evolución ideológica, la formación jeltzale ha experimentado un cambio en las respuestas «que ofrecía a los nuevos desafíos, en ocasiones alejadas de la realidad social». En este sentido, ve en la «recapitulación» que atraviesa el PNV su oportunidad para «relativizar los temas identitarios y recuperar la centralidad», sin «hacer tabla rasa». «No han perdido las elecciones. Por lo tanto sería un error que abandonaran su proyecto político autónomo y que se acercaran o intentaran competir con la izquierda abertzale», advierte.
Pero frente a quienes ven en el PNV actual una mera adaptación a los tiempos que corren, se sitúan los que enmarcan sus movimientos, en ocasiones contradictorios, como una estrategia política. Estrategia que responde a la abundancia de intereses en liza en un 'tablero' en el que los nacionalistas vascos juegan por primera vez en treinta años desde la oposición. El que fuera consejero jeltzale de Cultura y portavoz del Gobierno vasco Joseba Arregi -hoy en el foro social Aldaketa- acoge con escepticismo cualquier atisbo de cambio en su antiguo partido. Cauto, prefiere esperar a «ver si esa evolución es algo más que aprovechar la coyuntura política».
Con Juan José Ibarretxe como lehendakari, Arregi se dio de baja en el PNV en 2004 por «desacuerdos fundamentales» con la línea tomada por la dirección, enfrascada en el plan soberanista, aunque su distanciamiento empezó a hacerse patente desde el pacto de Lizarra. Es consciente de que el actual marco político obliga al partido de Urkullu a apostar por la «centralidad» para «demostrar que los mismos que les sacaron del Gobierno vasco les necesitan en Madrid». Sin embargo, insiste en que cualquier giro ideológico debe ir avalado por un congreso o una ponencia, algo que «no ha ocurrido» y que le lleva a aventurar la ausencia de «grandes cambios».
Ni siquiera la 'pasada por la izquierda' que los jeltzales han escenificado en su política económica, después de que las haciendas forales hayan firmado el acta de defunción de las Sicav, le acaba de convencer. «Me lo creeré cuando vea que se meten de verdad con todas las profesiones liberales que, en lugar de pagar por las tablas del IRPF, se acogen al Impuesto de Sociedades», subraya.
La centralidad cambiante
Para reforzar sus testis, Arregi niega también que el 'plan Ibarretxe' haya sido en absoluto enterrado. De hecho, Iñigo Urkullu insistió esta misma semana en este proyecto soberanista como «base para actualizar» el autogobierno. Sin embargo, el miembro de Aldaketa sí reconoce haberse sorprendido sobremanera de la decisión del EBB de «no respetar la libertad de voto» en la pugna abierta en torno a la reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo abanderada por el PSOE, un gesto sin precedentes en esta materia que, a su juicio, «o bien demuestra que hay ciertos posicionamientos que están aún condicionados o que todo es producto de los intereses políticos» del partido.
El ex dirigente nacionalista comparte las declaraciones vertidas por el líder peneuvista en Vizcaya, Andoni Ortuzar, quien el pasado sábado afirmaba que la formación jeltzale está «más atenta a lo que opinaba la sociedad sobre el aborto que la Iglesia», si bien va más allá. «Lo que sucede es que el PNV se ha percatado de que en el futuro no va a haber obispos que defiendan sus postulados», al revés de lo que ha ocurrido en anteriores ocasiones. José María Setién, por ejemplo, censuró abiertamente la ley de partidos y llegó a criticar las «agresiones» que, a su entender, sufría el 'plan Ibarretxe'.
La brecha que se ha abierto entre la formación jeltzale y la jerarquía eclesiástica no parece haber afectado al feudo peneuvista. De hecho, según afirma el teólogo y catedrático emérito de la Universidad de Deusto, Rafael Aguirre, este progresivo distanciamiento ha provocado que el «nacionalismo en sí se haya convertido en una religión de suplencia». «Entre la juventud, los sectores nacionalistas son menos religiosos que la media de los jóvenes vascos porque se han visto especialmente defraudados por la orientación de la Iglesia oficial», sostiene.
Aguirre califica al PNV como un partido «'abarcalotodo'». De ahí que justifique la presencia en sus filas de tendencias ecologistas o feministas, entre otras, que han podido marcar la evolución de la formación en ciertas materias. Pero en lo que a la centralidad se refiere, no esconde sus dudas. A su juicio, ésta varía cada día entre la comparecencia de un dirigente y las declaraciones de otro. Y vaticina una mayor radicalización. «Aunque haya personas como Iñaki Azkuna que apuesten por otras vías (el alcalde de Bilbao alertó hace apenas cuatro días contra los riesgos del extremismo), tienen un paraguas que es el que les cobija», insiste.
Aguirre concede un plazo de año y medio a los jeltzales para que muestren de nuevo otro rostro; para que hagan oscilar el péndulo una vez más. «Se decantarán cuando llegue la pugna electoral. Ya existe un nacionalismo de izquierdas y ellos ven en él una competencia de la que deberán diferenciarse», apostilla.
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Listado de Comentarios
2 opiniones
08/Nov/2009 | 16:21:50

egoitz


No entiendo como puede seguir existiendo un partido que tiene como idolo a su fundador sabino arana pero si era peor que un dictador aleman con bigote....

08/Nov/2009 | 12:38:54

Txiripa Txipiron


El PNV no cambia, ni cambiar?lo ?o que hace es buscar nogales y agitadores, ellos seguir?intentando recoger las nueces, dicho de otro modo se limitan a ser lo que siempre han sido unos "aprobetxategis".

Ni contigo ni sin ti
. Iñigo Urkullu se dirige a los miles de dirigentes, afiliados y simpatizantes peneuvistas que asistieron en septiembre al Alderdi Eguna. /
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