La Casa Real no
ha escatimado gastos. Treinta cocineros prepararán la madrugada
del sábado un menú que incluye un aperitivo de dos horas
de duración, plato de pesca y caza, postre y tarta.
Sin descuidar ni despreciar los últimos descubrimientos palatales,
de los que darán buena cuenta Ferrán Adrià y
Juan Mari Arzak en la cena de la víspera, a la que asistirán
cerca de cuatrocientas personas, Carmelo Pérez, actual director
del restaurante madrileño ‘Jockey’, que servirá
el banquete nupcial, está de acuerdo con las razones esgrimidas
por la Zarzuela para justificar su designación. «Experiencia
y conocimiento». 
Don Juan Carlos y doña Sofía aún eran príncipes
cuando empezaron a frecuentar sus salones, de meticulosa ambientación
ecuestre; él, a la caza de sus célebres perdices y patos
salvajes; ella, a la pesca de sus preciadas lubinas y rodaballos.
Y desde hace dos décadas, las cenas de gala que Sus Majestades
brindan a las visitas oficiales las sirve en bandeja –de plata–
el ‘Jockey’. Que se lo pregunten a Isabel II, Reagan,
Bush… y a otras muchas bocas que, el sábado, tendrán
el gusto de repetir. Ahora bien, una cosa es agasajar a un huésped
y otra, a más de 1.400. Máxime, cuando lo que a uno
le sabe a bocado de cardenal, otro lo considera un sacrilegio que
hay que ir a digerir al infierno. El «gran volumen»
de invitados y su «diversidad de culturas y religiones»
han sido, en efecto, los dos condicionantes del menú de la
boda real, en cuya confección comenzó a trabajar Pérez
el mismo día de marzo en que la Casa Real formalizó
el encargo.
No es que le quite el apetito –daría mal ejemplo–,
pero sí mucho tiempo. Carmelo Pérez ha mantenido reuniones
para trazar planos de los salones y definir la ubicación
de las cocinas y calientaplatos, para distribuir las mesas y fijar
el utillaje necesario, para estudiar la táctica de servicio:
por dónde entra y sale cada camarero, por qué flanco
aborda al comensal…
«La Reina no es vegetariana»
«Hemos hablado de todo, menos del presupuesto», asegura
el restaurador, mientras estima «entre 75 y 90 euros»
el coste de un almuerzo en el que, aunque hay tenedores de sobra
–el comedor tiene cinco–, quien más quien menos
acaba chupándose los dedos. Tan alabada por su austeridad,
la Casa Real no ha escatimado a la hora de casar a su heredero y,
«sin límite de precio», ha elegido el menú
entre varias sugerencias realizadas por Carmelo Pérez. Constará
de dos platos principales, postre y tarta.
| Minutas de boda |
Don Juan Carlos
y doña Sofía.
Atenas. 14 de mayo de1962. –Cóctel de langosta.
–Pechugas de ave ‘a la façon du chef.’
–Foie gras a la gélee. –Ensalada.
–Helado de moca. –Frutas y ‘delicatessen’.
–Tarta nupcial.
Doña Elena y Jaime
de Marichalar.
Sevilla. 18 de marzo de1994. –Lubina del Cantábrico
con trufas y almendras. –Perdiz roja con salsa castellana.
–Crema helada de café con almendra y salsa de caramelo.
–Tarta nupcial.
Doña Cristina e
Iñaki Urdangarín.
Barcelona. 4 de octubre de 1997. –Sorpresa de quinoa
real con verduritas y salmón ahumado. –Lomo
de lubina. –‘Souflé’ de langostinos
con emulsión de aceite de oliva. –Pastel de
chocolate amargo. –Tarta nupcial. |
Por exigencias del guión de la boda, «lo más
probable» es que el entrante sea sustituido por un fastuoso
aperitivo de pie. No para abrir el apetito, sino para entretenerlo
mientras los recién casados llevan el ramo a la Virgen de
Atocha. Será de lo más variado, pero con un denominador
común: «Todo productos españoles, ricos y fáciles
de comer». Que, siendo anfitrión el Rey, ponerse más
condecoraciones que Su Majestad quedaría bien feo.
Jamón y queso, como raciones frías; verduras a la
plancha y croquetas, como calientes, y sabrosas tostas encabezarán
el espectacular desfile de tapas que está previsto que se
prolongue dos horas. Hasta que, sobre las 14.30, la marcha nupcial
reciba a los novios y dé paso al ágape. La merluza
y la lubina «son los pescados más nobles» y,
por tanto, los que, se unte pan o no, mejores migas harán
con los ilustrísimos comensales. La carne, por su parte,
«tendrá que ser costillar de ternera o un ave blanca
–faisán o pato– para que guste a la mayoría»,
razona Pérez, tras descartar la perdiz «por demasiado
estridente».
Aun con tantas precauciones, nunca se guisa a gusto de todos. Por
eso, se han previsto platos «especiales» para gente
que deba evitar la sal o que, por religión, cultura o báscula,
haga ascos a la pesca o la caza. Y ahí no vale el ejemplo
de doña Sofía. Carmelo Pérez la despoja del
sambenito: «La Reina no es vegetariana. No come carne, pero
el pescado le encanta». En cambio, no puede aclarar si Letizia
Ortiz prefiere el mar o la montaña. «Cuando nos visitó,
pidió un plato de carne y otro de pescado», revela,
mientras confirma que se «cuida bastante, como todas las mujeres
jóvenes».
Don Felipe tiene mayor saque que su novia, y que muchos jugadores
de su Atlético de Madrid: «Le gusta todo». A
él, y a la realeza en general. «No te creas que comen
poco», desmitifica de nuevo Pérez. Al contrario. Si
no se quitan el sombrero ante una señora comida, es porque
el protocolo no lo permite, pero «es raro que, después,
no llame alguna embajada pidiendo las recetas». Secreto de
Estado, por supuesto.
Confórmense con saber que las salsas y fondos se empezarán
a elaborar «tres o cuatro días antes» en el ‘Jockey’.
Frituras, asados y terminaciones se prepararán en el Palacio
Real el mismo día del enlace. La misma madrugada, más
bien. Treinta cocineros se pondrán a trabajar la medianoche
del sábado para que, a mediodía, las viandas estén
en su punto de sabor y salubridad. Una analítica comprobará
el óptimo estado de los alimentos antes de sacarlos del restaurante
y una segunda prueba, a cargo de Patrimonio Nacional, confirmará
los resultados antes de llevarlos a la mesa.
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