| Las residencias de los Príncipes |
La pareja vivirá
en una mansión de 3.150 metros, cuatro plantas y once dormitorios
que ha sido criticada por el «mal gusto» de su decoración
«Parece un hotel de tres estrellas provinciano. O han fallado
con la educación del Príncipe, o sus asesores de márketing
tienen muy mal gusto». A Javier Mariscal se le cayeron todos
los pelos de la lengua aquel día de junio de 2002 en que la
nueva casa del heredero de la Corona se asomó por primera vez
a los medios de comunicación. No fue el único en despacharse.
Una tropa entera de diseñadores catalanes puso el grito en
el cielo al toparse con las imágenes públicas de la
residencia. Sosa, ‘clasicorra’ o impersonal, la casa donde
Felipe de Borbón duerme y despacha desde hace ya más
de año y medio, lo será también en breve de Letizia.
Le guste o le horripile –fuentes autorizadas de la Casa Real
han asegurado a este periódico que «por ahora»
no ha cambiado un jarrón de sitio y menos aún tirado
un tabique–, la ex periodista tendrá que acostumbrarse,
antes que a nada, a las dimensiones de su nueva cotidianeidad. No
en vano, la finca donde se levanta la dichosa casa no se queda pequeña
frente a Moratalaz, el barrio madrileño en donde la princesa
consorte se alojaba hasta hace sólo cinco meses. Su quehacer
diario estará, eso sí, bastante más acotado.
Se desarrollará en los 1.770 metros útiles –en
total son 3.150– distribuidos en cuatro plantas que ocupa el
primer ‘pisito’ de la pareja y que el madrileño
Francisco Muñoz, propietario de Casa & Jardín, y
la catalana Patricia Sanchís se encargaron, según los
más críticos, de "maldecorar".
4,2 millones de euros
De estilo renacentista-castellano, con paredes y pilares de ladrillo,
y ventanas de teca oscura, la mansión consta de once dormitorios
todos exteriores y con baño –varios de ellos con jacuzzi–,
cuatro vestidores, un gran comedor, cuatro despachos, dos salas de
audiencia, dos de consejo, tres ‘office’, seis cuartos
para el personal doméstico, una piscina de diseño y
un garaje con veinte plazas. Tres ascensores y tres escaleras facilitan
el acceso a distintas dependencias de la lujosa vivienda, a la que
no han olvidado dotar de una bodega, una cava y un muelle de carga
para la entrada de mercancía y alimentos. Todo ello costó
4,2 millones de euros.
Pero, ¿cómo son los azulejos, la tapicería y
los muebles de las distintas estancias? Las contadísimas y
exclusivas personas que pondrán el pie en este palacete por
la entrada principal se toparán de narices con un vestíbulo
de color piedra, suelo a rombos en mármol negro y marrón,
y techo de artesonado. Todo salpicado con obras y mobiliario del Patrimonio
Nacional, como un tapiz con motivos griegos de la Escuela de Bruselas,
tres pinturas del siglo XIX del pintor de cámara de Carlos
IV o un reloj inglés de sobremesa.
‘Fichas’ para los trajes de gala
Los presidentes, ministros y personajes de alta alcurnia
que visiten la casa verán, además, una escalera de caracol
con barandilla de madera y hierro forjado cubierta con una alfombra
azul y topos vainilla por donde se accede al reducto privado de don
Felipe y su futura esposa: 700 metros cuadrados que conforman el verdadero
‘nido’ de los jóvenes.
Recubierto finalmente de tarima de roble –la Reina, en su papel
de madre, se encargó de que el Príncipe desistiera en
su deseo de enmoquetar toda la planta– , el primer piso alberga
el dormitorio de la pareja, dos baños y dos vestidores. El
que usará Letizia cuenta, como requiere el protocolo, con enormes
armarios para la ropa de sport y los trajes de ceremonia, cada uno
de los cuales llevará una ficha con la ocasión y el
día en que lo estrenó. Cualquier cosa antes de repetir
el ‘armani’ de la petición de mano.
Además, la primera planta, de la que no se han permitido tomar
imágenes, cuenta con tres dormitorios más para los descendientes
de la pareja, una sala de estar de 100 metros con chimenea francesa,
dos despachos y una espectacular terraza con vistas a los montes de
El Pardo.
La
planta ‘oficial’
De vuelta a la planta baja, la ‘oficial’, los
invitados de don Felipe y Letizia serán recibidos en un salón
donde predominan los colores beige y vainilla y que se ha decorado
con dos sofás chester tapizados en crema, otros dos en terciopelo
gris, cómodas isabelinas y mesas de marquetería, un
retrato de Alfonso XIII pintado por Sorolla y una alfombra de la Real
Fábrica de Tapices. Los almuerzos y cenas se servirán
en un comedor con capacidad para 20 personas, donde el Príncipe
ha instalado la mesa de caoba que perteneció a sus abuelos
los condes de Barcelona, y que viajó desde el Palacio de la
Quinta, en Estoril, a su residencia de Madrid.
El despacho oficial, hasta donde el heredero ha trasladado una vieja
mesa inglesa que perteneció a su padre, y en donde ha colgado
un cuadro de Canogar y un grabado de Chillida, completa, junto a la
biblioteca, las estancias principales de la planta baja. En este espacio,
de estilo gustaviano, la Reina, inmortalizada por Alcaraz, vigila
desde lo alto de la chimenea. Por cuánto tiempo, sólo
Letizia lo sabe.
Las otras residencias
Finca de descanso que los Reyes y sus hijos utilizan desde que el
rey Hussein se la regaló en 1991. Remodelada por César
Manrique, está en Costa Teguise.
La residencia de veraneo incluye la finca Son Vent, donde se encuentran
tres casas mallorquinas que han sido reformadas para cada una de las
Infantas y para el Príncipe y Letizia.
La Familia Real dispone en esta urbanización de un chalet adosado
de estilo aranés con dos alturas y buhardilla para alojarse
en la temporada de esquí.
Construido en 1929 con motivo de la Expo, la Familia Real pernocta
allí cada vez que acude a Cataluña en visita oficial.
Es una de los edificios que se barajan como posible residencia de
la pareja en Asturias. |
|