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AULA DE CULTURA VIRTUAL

EL HUMANISMO EN LA ERA DIGITAL

D. Víctor Gómez Pin
Catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona
Premio Espasa Ensayo 2006

Bilbao, 11 de Diciembre de 2006

Voy a hablar de un tema que concierne al último libro que un jurado diverso -muy diverso, tanto desde el punto de vista científico filosófico, como desde el punto de vista incluso político ideológico, muy diverso, como ha de ser en general y como conviene que sea un jurado-, me otorgaron este premio Espasa Calpe, por el cual estoy muy agradecido, por un libro que ellos mismos los miembros del jurado plantearon como un libro polémico, así lo explicitaban al presentarlo.

No deja de llamarme la atención -creo que tienen razón, pero no deja de llamarme la atención- que pueda ser polémico un libro que se limita a reivindicar el ideario humanista. Es bastante curioso que reivindicar hoy en día el ideario humanista pueda ser objeto de algún tipo de polémica. Es una cosa sorprendente. Hace 30 años no se me hubiera ocurrido escribir un libro así, simplemente porque me daba la impresión que las cosas que yo pongo sobre la mesa en este libro eran casi, casi obviedades.

¿Qué pongo yo sobre la mesa en este libro? Pues, fundamentalmente, una tesis. A saber: que el objetivo de toda práctica humana y, concretamente, de toda práctica social, el objetivo último, el único que legitima, incluso, los otros objetivos, es garantizar la dignidad material y la fertilidad espiritual del ser humano, en primer lugar. Y después de eso se siguen otras cosas, lo que era el ideario humanista.

El ideario humanista decía “el hombre es la referencia, es el testigo de las entidades naturales, etc”. Bueno, esto no estaba puesto en tela de juicio ni por Aristóteles. Pongamos pensadores tan diversos a lo largo de la historia del pensamiento, como Aristóteles, Galileo, Descartes, Hegel, Kant -los que ustedes quieran-, podían diferir en todos los puntos que ustedes les de la gana, pero eso era un presupuesto, prácticamente un postulado.

Entonces, ¿qué ha ocurrido para que hoy se me haya ocurrido que era urgente recordar que el ideario humanista sigue siendo el objetivo esencial? Pues, simplemente, que hay quien no parece tenerlo tan claro. Habrá que ver por qué razones, si puedo llegar a ellas. En primer lugar, hay quien no tiene claro que hay que defender al ser humano, lo cual significa que hay que defender la naturaleza humana igual que la naturaleza de los perros, la naturaleza de los caballos. Y el que tiene cariño a un caballo, o tiene cariño a un perro, lo que quiere es un caballo y un perro. Francisco de Asís se preocupa por el “hermano lobo”, pues a lo que tiene cariño es al lobo, es decir, a una entidad natural que tiene eso, su naturaleza, y a nadie se le ocurre negarle esa naturaleza. Si tu quieres a un perro, lo que quieres justamente es su naturaleza de perro.

Entonces, para empezar, hay quien no tiene muy claro que hay una naturaleza humana perfectamente definida y que hay que reivindicarla. Y si me dicen en qué consiste la naturaleza humana, pues bien, creo que no hay mucha duda, casi ni siquiera plantea problemas. Hay discusiones y ahora veré quiénes intentan, más que negarlo abiertamente, intentan no extraer las consecuencias.

El hombre es un animal, un animal muy singular. ¿Qué quiere decir que es un animal singular? Quiere decir, simplemente, que en un momento dado de la evolución aparece algo absolutamente sorprendentemente. Hay un momento en la evolución, por consiguiente, genéticamente determinado, en que surge una circunstancia absolutamente sorprendente. ¿Cuál es esta circunstancia? Pues, simplemente, la aparición de la inteligencia y del lenguaje. El hombre tiene su naturaleza: la inteligencia y el lenguaje. Esa es su naturaleza. Cuando digo su naturaleza, enfatizo e insisto, porque he tenido algunos lectores de este libro que han pretendido que yo, de alguna manera, defendía tesis ya pasadas, o que estaba recurriendo a transcendencias. No. Es decir, de una manera muy darwiniana, igual que el perro tiene su naturaleza, nosotros tenemos la nuestra, pero la nuestra es una constitución genética que llevó a la aparición de la inteligencia abstracta y del lenguaje. Volveré a la inteligencia abstracta, después.

Ahora enfatizo lo del lenguaje. ¿Qué es el lenguaje? Aquí es donde aparentemente hay una confusión, cuando en realidad no la hay, porque nadie de los que estamos aquí, ni nadie, creo, que en el mundo, ningún humano, ningún campesino, duda en absoluto de lo que es el lenguaje, eso que tiene en común con sus hijos y que no tiene en común con su perro o con su vaca, por mucho cariño que les tenga. ¿Cómo no les va a tener cariño si forman parte de su entorno natural? Pero el lenguaje es lo que él comparte con su padre, sus próximos, sus primos. Y ¿qué es eso del lenguaje? Aquí es donde hay que enfatizar un punto muy importante. El lenguaje es un singularísimo código de señales, un código de señales muy raro. Antes de que apareciera el lenguaje humano había códigos de señales entre los animales. Es un tópico aludir al de las abejas. Las abejas tienen un código de señales sofisticadísimo. Digo, entre paréntesis, una cosa que tiene su importancia. La abeja es un animal que en la filogénesis está muy alejado de nosotros y, sin embargo, es el animal que tiene un código de señales más absolutamente esplendoroso. Ningún animal filogenéticamente próximo a nosotros, como son los chimpancés o los gorilas, tienen un código de señales tan sutil y sorprendente, como es el código de señales de las abejas. Esto dejó pasmado, hace ya 60 años, al lingüista francés Benveniste, como a tantos otros que lo estudiaron, admirados de qué códigos de señales más admirable. Pero a ninguno se le ocurrió decir qué era esto que nos permite estarnos dirigiendo la palabra. Por una razón, que es muy fácil de entender: no hay abeja que baile por bailar, mientras que es propio de los humanos hablar por hablar.



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