EL HUMANISMO EN LA ERA DIGITAL
D. Víctor Gómez Pin
Catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona
Premio Espasa Ensayo 2006
Bilbao, 11 de Diciembre de 2006
Retrotráiganse al código de señales de las abejas. Nosotros lo llamamos danza, pero eso no es danza de nada. La danza de la abeja está genéticamente determinada para tener la capacidad de realizar esos movimientos que nosotros les llamamos danza, porque tiene alguna similitud. Pero la abeja, evidentemente, no está danzando. en absoluto. La abeja lo que está es indicando que hay un botín, una fuente de alimento, absolutamente imprescindible para la subsistencia individual y específica de las abejas. Aquí no estamos esta noche reunidos porque esto sea imprescindible para nuestra subsistencia biológica. El profesor García de Cortázar ha dicho hace un momento que les agradecía que estuvieran aquí, pues, a lo mejor, en lugar de estar en el bar o en el teatro. Aquí hemos venido a hablar, no hay la menor necesidad de estar aquí.
Estamos aquí porque nos gusta la palabra. Eso de hablar por hablar es una cosa que no tiene nada de peyorativo. Hablar por hablar es lo que hace el poeta: ¿hay algún poema que sea necesario? Hay unos versos de un gran poeta vasco “poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día”, pero, naturalmente, necesaria para el espíritu, no para la vida. Si a esto añadimos, ¿La poesía es un código de señales? Si, yo digo, claro los versos más famosos de la poesía surrealista, a los que se han dedicado varias tesis, son los versos del poeta francés Paul Eluard, que son aquellos en que hay un párrafo concretamente que dice “Le monde est bleue comme une orange”, “el mundo es azul como una naranja”. Esos versos han tenido cantidad de tesis. Ya me dirá usted a mí, pues, al decir esto, este señor está emitiendo una señal, como la abeja está emitiendo una señal. Pero hay que ser un poquitín, vamos, corto, para interpretar el interés de esos versos como emisión de señal. Y si fuera una emisión de señal sería una emisión de señal estúpida, porque ni el mundo es azul, y menos todavía como una naranja. Es decir, el poeta está haciendo otra cosa y esos poemas, en su contexto, han conmovido al espíritu, han fertilizado el lenguaje. La lengua francesa se ha reconocido en esos poemas. En este caso, la lengua francesa se ha reconocido ahí y se ha sentido fértil y esa fertilidad es la fertilización de nuestra naturaleza de la naturaleza humana.
La naturaleza humana se fertiliza cada vez que el lenguaje lo hace, sea cual sea la lengua que hablamos. A ese nivel todas las lenguas son exactamente idénticas, al nivel de lo que la gramática generativa de Chomsky y de Steven Pinker llama la estructura profunda del lenguaje, en el cual todas las lenguas coinciden. Por decir un ejemplo, en mi anterior libro ponía de relieve el hecho de que ciertas estructuras se pueden decir, o como en inglés, por ejemplo y en español, o como en japonés y en euskera. Pero no hay manera de decirlos de una tercera manera porque la gramática profunda no lo permite y, al final, las diferencias que separan al japonés, al euskera, al inglés y al español al nivel de la gramática profunda quedan abolidas. Porque eso es lo que determina la dignidad de todas y cada una de las lenguas y de todos y cada uno de los hablantes, cualquiera que sea la lengua que hablan.
Bien, esto de hablar por hablar no es una tesis mía, yo lo he dicho así, de una manera un poco provocativa, pero esto es lo yo llamo que, simplemente, la mayoría de los productos del lenguaje sólo tienen como objetivo al lenguaje mismo. Los dignos y decentes tienen como objetivo el lenguaje mismo, la fertilización del lenguaje. Quiero completar las cosas, es una tesis que después, en la segunda parte, cuando llegue a las máquinas, lo evocaré. Quiero señalar que el lenguaje no sólo se fertiliza a través de la poesía: el lenguaje se fertiliza también a través del conocimiento, a través concretamente de la ciencia.
Yo enseño una asignatura en Barcelona que es introducción al pensamiento matemático. Hay algún matemático, pero la mayoría son filósofos, dada la canallesca separación entre ciencias y letras, que yo he combatido siempre.
Me parece que es una aberración de la educación esta separación, pues los de letras son a veces víctimas de una instrumentalización de la educación, que hace que hayan sido apartados de cosas, que ya Platón consideraba esenciales al espíritu, como es, por ejemplo, la matemática. La ciencia digna de tal nombre es una operación estrictamente espiritual. Yo les digo a mis alumnos, “aprende las fórmulas, que son muy sencillas matemáticamente, de la relatividad restringida -las de la general son diferentes- y tendrás la misma emoción que Einstein; no las habrás creado tú, pero la emoción que experimentarás es la misma”. Esas fórmulas durante mucho tiempo no tenían aplicación ninguna, pero después la tuvieron.
Doy otro ejemplo que será muy importante para mí. En un momento dado, hace ya más de un siglo, se descubrió el electrón, lo único que no se ve en la televisión. Un descubrimiento fascinante, que ha cambiado gran parte del sentir, incluso de la conciencia que teníamos los humanos de cuál es la naturaleza. Pues bien, esta tesis que estoy defendiendo, que el hombre tiene una naturaleza y que esta naturaleza es la fertilización del lenguaje y del conocimiento no es una tesis mía, la escribe Aristóteles y nadie ha podido negarla profundamente. Nadie. Aristóteles dice, desde el arranque de su libro más célebre, que “todos los humanos..”. Dice pantes . Es muy importante que diga en griego todos . Todos, pantes , todos los seres humanos, yo traduzco todos los hombres, hombres y mujeres. Anthropos en griego es tanto hombre como mujer. “Todos los humanos por su naturaleza aspiran al conocimiento”, es una frase tremenda, con la que Aristóteles abre su libro más célebre. No dice una parte, no dice los listos, no dice los buenos, ni dice aquellos... Dice todos y dice algo fundamental: eso es la naturaleza humana, eso está inscrito en la naturaleza humana. Si Aristóteles viviera en nuestro tiempo no tendría ninguna razón para negar esta tesis, simplemente tendría que adecuarla a la terminología actual, diciendo, “está inscrito en nuestro código genético el amor al conocimiento y a la fertilización del lenguaje en general”. Eso, está inscrito en nuestro código genético. Por eso el lenguaje es algo que los niños aprenden naturalmente: no hay que forzar a un niño para que aprenda a hablar.