
«La Cancillería se portó muy bien, me dio una visa (el visado) en diez minutos», agradecía el hombre, horas después de su llegada a Bilbao a mediodía de ayer. Humilde fabricante de calzado, «contratista independiente», como se define, Luis dispone ahora de un permiso de tres meses de estancia en España; después tendrá que regresar a Colombia. «No puede volver allá solo con tanto dolor», protestaba su cuñada Carmen.
Cristina soñaba con poder traer a su padre a Bilbao. Justo los días antes de morir, arreglaba los papeles para conseguir la reagrupación familiar. Trabajaba duro para poder demostrar que disponía de medios, tal como exige la ley. Cuidaba a un niño, limpiaba un gimnasio y una oficina y era camarera en un restaurante de la calle Iparraguirre. La madre de Cristina mostraba ayer el recorte del periódico en el que su «patrona» lamentaba en una sentida carta la pérdida.
En medio del drama, ha habido algo positivo. Luis ha conocido a su nieta Ohiane, de dos meses, hija de Carolina. «Ha sido lo único bueno», decía. Delgado, bien parecido y de tez morena, se enteró de que su hija había muerto por una llamada telefónica. Los medios de comunicación, entre ellos la emisora radio Caracol, han recogido ampliamente la noticia del homicidio. «Nos han destrozado el alma. Era una niña muy sana, no se merecía algo así», se dolía Mercedes, la madre. «Trabajaba de lunes a domingo, y cuando podía salía a tomarse una copita».
La familia, molesta por que el juez haya dejado en libertad al joven detenido como cómplice del presunto autor material del homicidio, reclamaba ayer «justicia». «Le abrió la puerta de emergencia y sabía lo que iba a hacer, fue directo a por ella porque la confundió con la camarera o porque la vio bailar tres piezas con el dominicano con el que había discutido y pensaba que era su pareja», aventuraba ayer Mar Jenny, una de sus primas. Cristina planeaba ir en julio con su sobrina Caren a Disneyland París. Han tenido que anular los billetes.










