
Cuando los soldados respondieron al fuego, los atacantes huyeron hacia el pueblo cercano de Haidarabad, que fue bombardeado posteriormente por las fuerzas aéreas de la coalición, lo que causó la muerte de las víctimas civiles, según dijo el gobernador del distrito de Gerishk, Dur Alishah.
Aseguró que los funcionarios enviados sobre el terreno informaron de que entre los muertos había mujeres y niños, pero que los lugareños estaban tan enfadados que no permitieron a los oficiales comprobar el número exacto de fallecidos.
Varias horas después de la matanza, un residente de la localidad de Haidarabad, Mohammad Khan, aseguró a una radio local que siete miembros de su familia, incluido su hermano y los cinco hijos de éste, fallecieron en el ataque aéreo. «He traído a tres de mis familiares heridos al hospital de Gereshk para que sean atendidos», señaló Khan por teléfono. «Hemos enterrado un montón de cadáveres», añadió.
Pero el balance de víctimas seguía anoche sin concretarse de forma oficial. De hecho, un jefe policial de Helmand, Hussain Andiwal, cuantificó en cuarenta los rebeldes muertos en el ataque, que, según su versión, causó además la muerte a doce ciudadanos. Otros fuentes, en cambio, elevaron las víctimas inocentes hasta sesenta.
Labores de apoyo
Una portavoz de la Isaf (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad), la coronel Maria Carl, confirmó la muerte de civiles en el suceso, aunque insistió en que el número de bajas era muy inferior a la cantidad manejada inicialmente por los funcionarios afganos. Carl confirmó que el ataque aéreo fue llevado a cabo por el Ejército estadounidense en una labor de apoyo a las tropas de la OTAN.
La comandancia norteamericana informó en un comunicado de que las tropas de la Isaf solicitaron apoyo aéreo después de ser atacadas por los rebeldes en un área próxima al río Helmand y responder al fuego.
«Al parecer, miembros del Ejército Nacional Afgano y de la coalición dispararon a posiciones enemigas de ataque claramente identificadas», añadió otro portavoz del Ejército, el capitán Chris Belcher. Agregó que, tras llevar a cabo una inspección del área, había informes de «algunos posibles muertos civiles», cuyos restos «aparecieron entre los cadáveres de los combatientes insurgentes».
Las bajas civiles en las operaciones militares de las fuerzas internacionales en Afganistán han sido objeto de una fuerte polémica en el país asiático, que llevó al presidente, Hamed Karzai, a pronunciar un duro discurso el pasado día 23. «Uno no combate a los terroristas disparando armamento desde una distancia de 37 kilómetros contra un objetivo. Eso, definitivamente, causará víctimas civiles», denunció al referirse a otro incidente ocurrido dos días antes en el mismo distrito de Gerishk.
Vidas baratas
Karzai criticó duramente a las tropas por haber usado fuerza «extrema y desproporcionada» para combatir a los insurgentes, lo que causó la muerte de veinticinco civiles en aquel incidente. «A partir de ahora tienen que trabajar tal y como nosotros queramos que trabajen aquí», advirtió el mandatario. Pocos días antes, varias ONG habían cuantificado en 230 los civiles muertos este año víctimas de las tropas internacionales.
Karzai volvió a condenar públicamente ayer el escaso cuidado de las tropas, que consideran las vidas de los afganos como «baratas». Urgió a una mejor coordinación de las operaciones militares con su Gobierno, mientras acusó a los talibanes de utilizar a los civiles como escudos humanos.
En esta apreciación coincidió con el ministro de Exteriores de Australia, Alexander Downer, quien llegó a Kabul el viernes, en visita de dos días. Downer acusó ayer a los talibanes de provocar daños civiles y dijo que los rebeldes intentan poner a los ciudadanos en la línea de fuego, para beneficiar su propia propaganda.







