Así las cosas, los más animados optaron por hacer pierna subiendo, vía Basurto, por las interminables escaleras de Altamira. Después, para más inri, la única vía de acceso al alto se saturó y los vehículos no podían pasar de la factoría de Iparlat, viéndose la gente obligada a seguir por los lados de una carretera estrecha y sin arcenes.
El mogollón y las colas kilométricas se reprodujeron una vez acabado el concierto, por lo que no pocos optaron por bajar 'a pata'. Y es que, como dijo un donostiarra: «Subir a cuarenta mil personas al monte en autobuses es toda una bilbainada».






