
CRONOLOGÍA
Un compatriota de 19 años, A.M.D., recién llegado a Bilbao y sin antecedentes, le hundió un cuchillo en el cuello probablemente por una confusión después de mantener una discusión con una camarera y su novio. Fue expulsado, pero volvió a entrar armado por la puerta de emergencia. El Fania arrastraba una leyenda negra desde que se llamaba Chentes, uno de los primeros 'afterhour' de Bilbao. En año y medio la Policía ha intervenido dentro y fuera del local más de cien veces por peleas, agresiones, amenazas, ruidos, molestias... Incluso estuvo cerrado, pero volvió a levantar la persiana con nuevo nombre y «el contador a cero».
Este caso ha encendido otra vez el debate sobre la seguridad en la ciudad, pero ahora el objetivo enfoca a las zonas de copas. ¿Depende de la Policía o es responsabilidad del hostelero? Mientras el viernes el alcalde Iñaki Azkuna apelaba a los propietarios de los locales para que garanticen la paz en sus locales, los empresarios piden a los políticos que no les den «lecciones» y que «modifiquen la ley».
Cambiar la música
Hace unos dos años, los ritmos latinos sustituyeron a la música disco en las salas de fiestas de Deusto: Holiday, Tiffanys, Garden... «La gente de 20, 30 años... de aquí ya no va a las discotecas, sino a los pubs, y o cierras o buscas otro público cambiando las canciones», resume un empresario del sector, dueño de un establecimiento ubicado en la Avenida Lehendakari Aguirre, la misma calle donde está el Chentes. Al son de la salsa, la bachata... fueron llegando nuevos clientes, amantes de la música latina, en su mayoría inmigrantes sudamericanos. Este fenómeno se ha dado antes en Madrid o Barcelona.
Tres de las cuatro discotecas de Deusto -antes también el Privée- están en las mismas manos, si bien, utilizan «titularidades interpuestas» y «sociedades mercantiles», lo que dificulta a la Administración el camino para exigir responsabilidades, indican fuentes municipales. Un individuo, con antecedentes y una causa pendiente por narcotráfico con la Audiencia Nacional, ocupa un buen trozo de la tarta.
«No son santos ni demonios. Sólo hay que seleccionar a la gente que entra y no dejarle pasar si no viene en condiciones», sentencia Tomás Sánchez, de la sala Garden, que instaló en la puerta un detector de metales. «Beben mucho y discuten entre ellos, normalmente por temas sentimentales, pero son gente normal», opina un ertzaina.
Una patrulla o seis
El día de autos sólo había una patrulla de la Policía local en la zona, además de las de la Ertzaintza, según denunció el PP. No se llegó a montar el dispositivo antibotellón, porque la suma de eventos -noche de San Juan, conciertos y manifestaciones- obligó a los responsables del cuerpo a redistribuir los recursos. «De haber habido seis unidades, también habría ocurrido», sostiene un agente.
Los hosteleros insisten en que la solución pasa por endurecer la normativa. «¿Sirve de algo decir que se van a quitar las armas cuando sus portadores quedan impunes y vuelven a utilizarlas? Y mientras esto queda sin respuesta, nos dicen que tenemos que adoptar medidas de corresponsabilidad», protesta el secretario general de la Asociación de Hostelería, Ángel Gago. Las propias asociaciones de inmigrantes, entre ellas las de colombianos, critican la ley española por «blanda» y reclaman que se castigue al delincuente, que mancha la imagen del resto de compatriotas que trabajan sin descanso para sobrevivir.
Los vecinos, contentos en general con el cierre del foco del problema, recuerdan que «Deusto no es un barrio peligroso». José Leguina, de la asociación de residentes, espera que sea «un caso puntual» y que se ponga coto como ocurrió con las polémicas galerías.










