Ya saben que siempre se manejan tres cifras en estos tinglados: la trasladada a la prensa (generalmente engordada), la de las entradas reales vendidas (que la conocerán los tres socios de Last Tour International y pocos más) y la declarada a la SGAE (a la que se debe abonar un 10 % de la taquilla, aunque lo normal es acordar arreglos especiales).
Para mañana se ha convocado una rueda de prensa en el Ayuntamiento a la que nos adelantamos con este análisis a ras de suelo. Artísticamente, el Bilbao Live Festival ha sido poco interesente, en absoluto coherente y se ha escorado hacia lo comercial. De los cuatro cabezas de cartel, objetivamente el mejor ha sido el modesto Fito (15.767 espectadores), seguido por los normalitos pero adorados Metallica (39.740), unos Iron Maiden (15.012) que no apabullaron por el feble volumen (defecto repetido en el escenario principal) y unos Red Hot Chili Peppers (24.193) que no contentaron a sus fans y que actuaron menos de lo previsto porque el típico gilipollas atinó al arrojarles un 'katxi'.
Cerveza a seis euros
Hablando de 'katxis', varios colegas nos pidieron denunciar que lo que se vendía a 6 euros en las barras como litro de cerveza en realidad eran 750 centilitros. El amigo Tsustas la montaba cada vez que le tocaba la ronda: no le facilitaban hojas de reclamaciones pues no existían y le llegaron a responder: «Es que esto aquí es un litro». ¿'Aquí' es España o Euskal Herria? Que nos lo aclaren, para decantarnos de una vez por todas. Además, los puestos de comida fueron insuficientes, estuvieron atestados y la segunda semana se encarecieron (algunas raciones disminuyeron el tamaño), lo cual no es de recibo en un recinto en el que te registran al entrar para evitar el contrabando de alimentos y bebida.
Y, por último, el colapso que se produjo la tarde del viernes en Bilbao da la razón a la organización cuando afirma que busca un nuevo emplazamiento para las masas. Para subir a Cobetas el día de Metallica las colas eran increíbles, los buses no daban a basto y los taxis tampoco (y estos ni siquiera te acercaban hasta la entrada). Y al salir, qué gran colapso: tapones para los buses, riadas humanas escapando a pata, el metro con todo el andén cubierto de rockeros agotados y tumbados... En fin: Cobetas no dio de sí, es más fácil y rápido regresar a casa desde el Azkena Rock vitoriano.










