Como ejemplo del absurdo (por no usar otro adjetivo mas sonoro) me referiré a la afición a echar humo por boca y narices con lo cual las mujeres (sobre todo las jóvenes) han conquistado también el derecho a padecer dolencias cardiovasculares y cáncer de pulmón. Toma candela, Manuela.
Y como ejemplo de la cursilada les puedo citar la tontería esa del artículo los/las. Es esta una fórmula que yo llamo inflagaitas y que no uso nunca, porque considero que al hablar en masculino se incluye desde tiempo inmemorial a los dos sexos, sin que esto suponga discriminación de ningún género.
Sobre este tema me escribe un asiduo de esta tertulia llamado Fernando S. de cuya carta copio este párrafo: «Así que olvidan o desconocen que hombre es un animal racional y bajo esta acepción se comprende a todo el género humano (sic) según Drale. Y en cuanto a niños, bilbaínos, etc. es una simplificación económica perfectamente aceptable por inteligible, etc. (salvo casos puntualmente específicos) pues de otro modo lógicamente, también deberíamos decir policías y policíos, anestesistas y anestesistos, etc. Observa que no suelen usar estos solecismos los literatos, científicos, filósofos ni otras gentes de bien».
Hasta aquí la teoría lógica y razonada de mi comunicante, teoría que compartimos ambos, lo cual no es obstáculo para que, al menos yo, defienda siempre los justos derechos de las mujeres, pero sin caer en cursiladas o tonterías como esa que ha surgido creo que en el Parlamento (¿no tendrán cosas más importantes en que ocuparse?) pidiendo que se aumente el número de rostros femeninos en las monedas.
Porque, puestos a llevar las peticiones hasta lo inverosímil, digo yo que en esos nuevos semáforos que funcionan con siluetas humanas animadas se debiera también alternar la de un hombre (que es la única que vemos ahora) con la de una mujer en el el semáforo de enfrente. La igualdad ante todo ¿No les parece?









