
Aunque se define como «un comodón», con tan sólo 19 años ya tuvo su primer empleo. Tras sacarse el título de auxiliar administrativo, encaminó su futuro laboral hacía lo que más le gustaba: la informática. Hizo varios cursos, hasta que le ficharon en su primera empresa. Un par de años duró esta incursión en el mundo laboral, ya que tuvo que atender la llamada a filas. Tras concluir el servicio militar, con alguna que otra 'batallita' que contar, volvió a su vida en Bilbao.
Historia de película
El destino quiso que en su segundo empleo una chica llamada Lotte se cruzase en su camino. Ella había viajado desde Dinamarca para hacer prácticas de español. Él ya se había posicionado en la empresa vizcaína Laukobi, hasta el punto de convertirse en el jefe del departamento de informática. Así que la nórdica comenzó a trabajar bajo sus directrices. Sólo iban a ser tres meses pero, al final, se convirtieron en tres años. Ella comenzó a sentir añoranza. Así que el vasco se vio en la encrucijada de seguir a su chica a Copenhague o poner 2.300 kilómetros de tierra de por medio.
La decisión no fue nada fácil. «Hablé con mi hermano, que había vivido una situación similar, ya que reside en Berlín. Y lo único que me dijo fue: '¿Ánimo!'». Su novia le allanó el camino, ya que se fue en agosto de 2000 y él tardó tres meses más. Eso sí, antes decidió cubrirse las espaldas y pidió una excedencia para emprender esta nueva aventura. «La adaptación fue dura porque llegué en pleno invierno y aquí el viento corta. Además, no te enteras de nada porque el danés es muy complicado.
Después de un tiempo de alquiler, compró un piso con Lotte. Pero hace un año se separaron, así que retornó de nuevo a un apartamento arrendado. Pasó un período corto hasta que en una boda conoció a su actual pareja. Su historia de amor con Anne Mette bien podría servir de argumento para una película. Él era amigo del novio y ella de la novia. A los dos les sentaron en la mesa de solteros y empezaron a charlar. Hace ocho meses de eso.
Pero Manuel tiene más motivos que los sentimentales para sentirse a gusto en Dinamarca. Las horas que dedicó a aprender el idioma local dieron sus frutos. «Me defiendo bastante bien», reconoce. Tiene un trabajo con el que disfruta. Y una cuadrilla de amigos. «De aquí no me muevo, aunque echo de menos Bilbao. Lo ideal sería combinar el nivel de vida de aquí con el tapeo mañanero del 'botxo'».
De hecho, después de su familia, lo que más añora son los platos vascos. «En tres ocasiones he viajado de Dinamarca al País Vasco en furgoneta para poder llenarla de comida cuando regreso de Bilbao. Traigo aceite, latas, pimientos de piquillo y los chipirones de mi madre en una nevera que enchufo al cenicero del vehículo».










