
El doblete de Ferrari fue noticiable, pero menos. Mientras la escudería italiana no dé un par de pasos más adelante, las miradas seguirán buscando invariablemente lo que ocurre en McLaren. Para los de Maranello, la carrera fue pulcra hasta lo sublime. Massa hizo el trabajo sucio de guiar al grupo durante 46 vueltas para que Raikkonen le robara la cartera en la segunda parada en 'boxes'. Tras ellos, en lontananza, sin siquiera intentar dejarse notar, Lewis Hamilton hizo lo justo y necesario para garantizar el tercer puesto con el que sigue sin bajarse del cajón en las ocho carreras ya disputadas, amén de apuntalar su liderato ampliando a 14 puntos la ventaja sobre Alonso.
Estrategia errónea
El trío que posó en la foto de honor fue ajeno a la carrera. Volvió la F-1 a las andadas de la estrategia, despreciando el prestigio que supone ganar por arrestos, por dar cuenta de rivales o soportar estoicamente sus andanadas. El premio gordo estaba reservado para el más cuco, que ayer no vestía precisamente con los colores de McLaren-Mercedes. Dijo Dennis el sábado que se buscaría una «estrategia imaginativa». Sin duda lo fue, aunque distante de la efectividad.
Los cálculos no desembocaron en una buena elección. De hecho se tradujeron en un baile de dos puestos: los que Alonso sudó con sangre en la pista para superar a Fisichella y Heidfeld -a la asturiana, con exceso de raza y mucha mala uva en las meninges- para volver a perderlos tras la segunda parada en 'boxes'. De ser quinto por méritos individuales a caer a la séptima plaza por razones de estado, lo que en McLaren son de equipo. No hubo desigualdades, vaya por delante, ya que Hamilton también tuvo que tragar una ración no deseada. No ha habido explicación para su tercer paso por el 'pit lane', a todas luces innecesario.
Tampoco encajó en el guión la premura con que Alonso hizo su segundo repostaje, ni el tiempo empleado y el desproporcionado combustible cargado. Esos segundos de más varado se tradujeron en la renta en la que se ampararon Heidfeld y Fisichella para lograr lo que no osaron ni intentar en la pista, sobrepasar al bicampeón. La paliza que se dio el español quedó minimizada por los dos tristes puntos que alimentaron su casillero. Aunque pueden ser de esas 'limosnas' que acaban por hacerle a uno rico.
Por lo demás, algo a lo que los aficionados también se están resignando. La ausencia de historia, de episodios pausibles o impactantes. No fueron más allá de una pequeña montonera en la salida en la que Kovalainen convirtió un trompo en un embudo en mitad del pelotón. O la prisa con la que Albers arrancó después de repostar, llevándose a lomos de su Spyker la manguera del surtidor Habrá que ponerle señales, como en las gasolineras comerciales.
Massa, superado
Otro apunte incluirá a Massa en la nómina de los torpes o desafortunados -para los limpios de mente- al convertirse en el único piloto, y repetidor para más 'inri', que no ha sido capaz de defender una 'pole' hasta cruzar bajo la bandera a cuadros. Unas gotas de aderezo de la aportación estelar de los BMW con el retornado Kubica como cabeza de cartel. Y a otra cosa, mariposa.
Ahora, cuatro días para que Alonso piense en la visita a lo que ha pasado de ser su segunda casa a territorio comanche, la base de McLaren, el lugar donde Hamilton ya es idolatrado. Un escenario idóneo, por el daño que puede causar, para el chupinazo de la remontada. A lo sanferminero, corriendo más que nadie, o al menos por delante de los toros. Los habrá y bravos. Dos serán 'jijones' y otro 'zahíno'.





