En el reportaje de nuestro periódico se dice que la primera noticia de ovnis se publicó en junio de 1947. Llevamos, por lo tanto, sesenta años de presuntas visitas de supuestos extraterrestres que, aparte de estar más avanzados que nosotros en viajes espaciales, son unos auténticos pendones (o el combustible les sale gratis) porque van y vienen de galaxia en galaxia como el que va a echar una carta al buzón de enfrente.
También me entero por el citado reportaje de que la denominación de platillos volantes se debe a una confusión del periodista que dio la noticia de aquella primera visita y, por repetición, asociación de ideas o por lo que sea, las naves extraterrestres se han quedado ya con el calificativo de platillos volantes.
Esta fecha clave de 1947 nos da pie para plantear esa pregunta que yo siempre hago cuando hablo de estos temas y que nadie ha sabido, ha podido o ha querido contestarla. ¿Cómo se explica que en sesenta años de apariciones y en miles de visitas, muchas de ellas confraternizando con los terrícolas (según refieren tantas noticias sobre el tema) nunca, ni una sola vez, hayan dejado la menor muestra palpable, visible o tangible de su presencia?
Aquel día de junio de 1947 se dio el pistoletazo de salida a los miles de visionarios que vieron en este tema una forma de salir en los periódicos o en la televisión. Digo esto porque en cuanto se organiza un programa de televisión sobre los extraterrestres aparece un regimiento de paisanos y paisanas jurando que han visto alienígenas, que han confraternizado con ellos, que han estado de 'piruleo' en su nave espacial o que se han enfrentado a ellos, aunque sea a pedradas. Y lo mejor de esta fantástica novela es que no tiene final. Mientras haya en el mundo imaginación, habrá terrícolas capaces de jurar que han visto a los alienígenas. Aunque no puedan enseñarnos una foto de estos pendones del espacio.









