Casos como el de Jokin son impensables en la era de Internet. Dos institutos, uno en Portugalete y otro en Getxo, han sido pioneros en el empleo de la Red como herramienta de comunicación con las familias de sus alumnos. Resulta extraño que no se le haya ocurrido a nadie antes, quiero decir hace ya tiempo.
El sistema va a suponer un trabajo adicional para el sufrido gremio de enseñantes, que deberá disciplinarse para actualizar permanentemente la web con comentarios, sugerencias y observaciones sobre los alumnos. Aunque suponga más trabajo, es también un elemento de seguridad para el profesorado en un tiempo en que muchos padres de alumnos acuden a las tutorías, no para que los profesores les den cuenta del comportamiento, actitud, capacidades y posibilidades de sus hijos. Van más bien a pedir cuentas a los instructores del comportamiento para con su príncipe, un déspota adolescente, aficionado a maltratar al liberto griego que tiene como profesor.
Lamentablemente, el procedimiento mecánico no lo es todo. Hace falta, además, que los padres se interesen por la educación de sus hijos y que acierten a complementar la tarea de los profesionales a quienes se la confían, en vez de desautorizarles. Luego, ya sólo falta que las reformas educativas se hagan con la vista puesta en la excelencia, aunque eso no va a depender de Internet, es de temer.










