
El Consistorio del Valle de Mena, que estudiará en un pleno la situación generada por el cierre del muladar en febrero, contabilizó entre marzo y abril 21 ataques en su área de influencia, que incluye municipios vizcaínos, burgaleses, cántabros y alaveses. A juicio del concejal de Medio Ambiente, Javier Mardones, la situación podría agravarse en las próximas semanas porque las rapaces están en época de cría. Los polluelos necesitan comer a diario y, por ello, sus progenitores llegan a acercarse tanto a las viviendas en busca de ganado.
Los continuos ataques a las reses no son el único caballo de batalla en torno al comedero. Mardones sospecha que su cierre pueda ser una «artimaña» para reabrir el polémico proyecto del parque eólico de Ordunte. «La existencia del muladar no fue la única razón para no construir la central, sino que se debió a los notables valores naturales de la zona», recordó.
Nuevos muladares
En Carranza los ganaderos expusieron sus puntos de vista al responsable foral. La reunión mantenida con Larrazabal puso de manifiesto las divergencias existentes entre los propietarios de reses, quienes exigen que el comedero de Ordunte no sea el único del área. A su juicio deberían existir instalaciones similares en Burgos, el este de Cantabria y Álava. Quieren evitar así una concentración masiva de estas aves sobre sus vacas.
Los afectados solicitaron una reducción en el número de rapaces. «Ahora sobran buitres, y si se reabre el comedero es posible que se acentúe el problema», señaló Ramón Cortés, uno de los profesionales que asistieron al encuentro de ayer. La respuesta llegará en agosto, pero lamentó que hasta entonces le tocará «dormir con los carroñeros».










