Yo, desde mi humilde ignorancia, me atrevería a opinar que la frase no es exacta. La humanidad ha estado en peligro, incluso en grave peligro, de extinción cuando estaba compuesta por unas cuantas tribus que vivían tal como hemos podido ver en algunas exposiciones montadas con todo realismo.
Todavía recuerdo una que hubo en Bilbao, organizada por la Caixa, en la que el visitante se enfrentaba con los antepasados, en el escenario de su ambiente, tal como vivían hace no sé cuantos millones de años. Y viéndoles allí, vestidos con pieles, teniendo que buscarse el condumio a garrotazos, expuestos al frío, acechados por fieras y enfermedades, me pareció un milagro que aquellos desdichados antepasados míos hubiesen sobrevivido.
Y la verdad es que sobrevivieron, como lo prueba que este yo aquí rodeado de comodidades y seguridades. Esa es para mí la más asombrosa y maravillosa hazaña del género humano. Muy superior sin duda ninguna, a la hazaña de Colón o a la conquista de la Luna. Porque estas dos hazañas se han hecho contando con miles de años de experiencia y la otras, la de la supervivencia, se hizo a cuerpo limpio y nunca mejor empleada la frase, si tenemos en cuenta que aún no se había inventado el abrigo.
En mi humilde opinión (dicho sea con permiso del paleontólogo ese), la humanidad no ha estado siempre en peligro de extinción, porque ya me dirán ustedes cómo se puede exterminar una humanidad, con arcos, flechas, arcabuces o ametralladoras. La humanidad digo yo que sólo estuvo en peligro de extinción en la prehistoria, cuando eran cuatro gatos, y parece ser que lo está también ahora, a cuenta de las bombas de hidrógeno, que pueden hacer gigote el planeta. Y aclaro para los que no lo sepan, que gigote es un guisado de carne picada.










