
Todo empezó hace siete años en pleno centro de Barakaldo. Por una cosa o por otra, los trámites para obtener la licencia se demoraban «cada dos por tres». Hasta que llegó la negativa municipal a la implantación del ascensor. «¿No hay derecho! ¿Por qué otros portales sí pueden poner ascensor y nosotros no?», se cuestionan sin cesar los residentes. En la misma situación están otros propietarios de la travesía Castilla La Mancha -que libran también una batalla judicial- o en las calles Sagasti, Balejo y Avenida de Euskadi.
Algunos vecinos incluso han tenido que abandonar su hogar. Como una familia con un niño que sufría una discapacidad física. El chaval crecía y llegó un punto en el que sus padres no podían cargar con él escaleras arriba. «Se fueron porque era un sinvivir». No son los únicos en este portal de Juan de Garay. Una anciana siguió el mismo camino al verse impedida. Ha tenido que buscar cobijo «en casa de sus hijos». Y en el sexto piso la situación se podría repetir, ya que otra inquilina sufre «lo indecible» para llegar hasta su domicilio con prótesis en una pierna.










