
La tensión se respira a la entrada del edificio minutos antes de que comience la prueba, más aún en esta segunda oportunidad. Goizalde y Tamara apuran el último cigarrillo mientras repasan, ya no pueden más con sus nervios: «No hemos podido dormir esta noche», reconoce Tamara. «Me he tomado un café y ahora estoy más nerviosa todavía», apunta inquieta su compañera. Pero no todos pierden la calma, bien por estar seguros de que van a aprobar o, simplemente, porque para ellos no es tan importante lograr el pasaporte a la Universidad. Es el caso de Idoia, una baracaldesa que quiere estudiar diseño de interiores. «Si apruebo bien y si no también, pero espero aprobar todo por si en un futuro me hace falta», indica la futura decoradora.
Platón y Descartes
Antes de comenzar el examen de Lengua Castellana, el primero de la tarde, mejor hacer un repaso rápido de los apuntes, que luego la memoria juega malas pasadas. «Lo llevo regular, no me va a dar tiempo de estudiar. Mañana me examino de Geografía y no me acuerdo de nada» , señala nerviosa Inés mientras echa un vistazo a sus apuntes. A su lado, un grupo de chavales es asesorado por su profesor, que les recuerda todos los pasos previos a realizar el examen: « ¿no os habréis olvidado del DNI y las credenciales?». A pesar de que no hubo ninguna incidencia, los nervios le jugaron una mala pasada a Eukene, una estudiante de Leioa que había olvidado su credencial en casa. «He venido a las dos y media y he tenido que coger el autobús y volver a casa a todo correr para poder llegar al examen». Ella y sus amigas ya han hecho sus quinielas para ver qué les «cae» en el segundo de los exámenes, el de Filosofía. «Durante dos años seguidos han caído Platón y Descartes, y el año pasado cayó Lichtenstein, así que este año también toca».
Los profesores no dejan ni un minuto solos a sus alumnos «para inculcarles un poco de tranquilidad». Cada uno ocupa su pupitre en el aula. Es la hora de reflejar en el papel todo el trabajo del año. La suerte está echada.










