
Es sólo el principio. El primer ministro laborista desea que la enseña no sólo cuelgue de los mástiles los escasos dieciocho días al año previstos por la ley, sino que edificios públicos la exhiban 365 días al año. Mientras se reforma la legislación, va a comenzar a dar ejemplo con una Union Jack permanentemente ondeando sobre el 10 de Downing Street.
Brown quiere dar la batalla de la 'britanidad'. La amenaza terrorista es perfecta ocasión para intentar cohesionar una sociedad con diversas comunidades raciales y religiosas. La adhesión al orgullo nacional puede ser el cauce de muchos musulmanes para marcar distancias con los elementos extremistas islámicos.
Además resulta pertinente en un momento en que el independentismo gobierna en Escocia y se extiende el uso de la Cruz de San Jorge, la bandera inglesa, entre quienes demandan un Parlamento propio para Inglaterra.
De acuerdo con el proyecto de reformas constitucionales presentadas el martes por Brown en la Cámara de los Comunes, «mientras en otros países como Francia y Estados Unidos, la bandera nacional es mirada como una fuente de orgullo, en los últimos años la enseña de la Unión ha devenido demasiado a menudo en un coto de los extremistas, un símbolo de desacuerdo más que de armonía. Es fundamental que este símbolo no sea secuestrado por aquellos que buscan actuar contra los valores de tolerancia y respeto».
También Scotland Yard
Aunque ya constituía una de las prioridades de Brown, a veces vista como la pretensión de hacer olvidar sus orígenes escoceses entre el electorado inglés, su apuesta ha coincidido con una campaña del sensacionalista 'The Sun', que forzó a Scotland Yard a poner en su sede la Union Jack.
Por su parte, asociaciones de musulmanes británicos han lanzado una campaña de anuncios con los lemas 'Musulmanes unidos' y 'No en nuestro nombre', con citas del Corán en rechazo de la violencia. Entre otras entidades, en la campaña participa la Asociación de Doctores y Dentistas Musulmanes, para hacer frente al descrédito generado por los detenidos por los últimos atentados de Londres y Glasgow, pertenecientes todos a la profesión médica.







