
En 1997, la Hacienda Pública llevó a cabo una profunda reforma de sus sistemas de información tributaria y emitió un número de identificación personal para cada contribuyente, pero con el tiempo se detectaron numerosos errores y ahora resulta que no se sabe a quién pertenecen 50 millones de expedientes sobre fondos de pensiones. De momento, ése es el número de personas que están reclamando su dinero, pero muchos corren el riesgo de no ver ni un yen cuando se jubilen al no haber constancia en los registros de que hayan cotizado durante todo el tiempo que han estado trabajando.
Sin duda, una auténtica catástrofe social para este archipiélago de 127 millones de habitantes y un terremoto político que amenaza con tumbar al actual primer ministro, Shinzo Abe.
En el cargo desde el pasado mes de septiembre, cuando relevó al carismático Junichiro Koizumi tras dejar éste la presidencia del Partido Liberal Demócrata (PLD), Abe no es responsable del monumental escándalo, pero este grave problema se ha unido a los numerosos casos de corrupción que acosan al Ejecutivo nipón.
Casos de corrupción
Sin ir más lejos, el ministro de Agricultura, Toshikatsu Matsuoka, se ahorcó a finales de mayo justo antes de comparecer ante una comisión parlamentaria para explicar sus excesivos gastos oficiales. Poco antes, otros dos asesores de Abe renunciaron al cargo por verse implicados en unos negocios algo turbios, mientras que el titular de Defensa, Fumio Kyuma, dimitió el martes tras decir que las bombas atómicas que EE UU lanzó contra Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial eran «inevitables».
Igual de torpe se mostró este mismo año el ministro de Sanidad, Hakuo Yanagisawa, al referirse a las mujeres como «máquinas de parir» y pedirles un esfuerzo para combatir el bajo índice de natalidad en Japón, pero no llegó a perder su puesto.
Todos estos episodios han hecho que Shinzo Abe dilapide en menos de un año la aceptación popular con la que gozaba en septiembre, superior al 60%. Según una encuesta publicada ayer por el periódico 'Yomiuri Shimbun', su aprobación había bajado al 32%, uno de los niveles más bajos de la legislatura.
Tales resultados son especialmente negativos porque el próximo 29 de julio se celebran unas elecciones trascendentales a la Cámara alta del Parlamento. De perder estos comicios, Abe podría verse obligado a renunciar y volverían así a Japón los tiempos de la inestabilidad política y de los breves mandatos de los primeros ministros. De hecho, el responsable de Exteriores, Taro Aso, ya se postula como su posible sucesor. Pero, para evitar la derrota, Abe ha prometido que revisará en un año «todos los expedientes de pensiones».
En lo que ya se vaticina como un plebiscito sobre el primer ministro, el líder del opositor Partido Demócrata de Japón (PDJ), Ichiro Ozawa, ha anunciado que dimitirá si no vence en las elecciones, en las que se renovará la mitad de los 242 escaños del Senado.







