
Junto al temor por las pequeñas grietas aparecidas, los comerciantes denuncian el problema de aparcamiento que lleva aparejado el hundimiento. «Lo tenemos justo delante nuestro, así que lo vallan y no podemos aparcar ni nosotros ni los clientes. Esto en verano se pone a tope de gente y el problema de aparcamiento es grave», asegura Ibarra. A esta opinión se suman desde otro establecimiento cercano de accesorios náuticos. «A nosotros no nos han llegado aún las grietas, pero sufrimos la falta de plazas de aparcamiento y el peligro de que cualquier crío se tropiece con los agujeros y se caiga», critican.
Para los hosteleros, ubicados en la zona más alejada de los socavones, ésta es una gota más en el vaso que está apunto de colmarse. Según el gerente de los locales del puerto, Luis García Vega, «la afluencia de clientes ha bajado mucho y esto se debe en un 50% a los problemas de aparcamiento, porque además del tema de los socavones tenemos cerrado el estacionamiento del fondo por las obras de los pabellones y ya nos quitaron todas las plazas que reservaron a los amarristas».










