El dueño de 'Curro' es un vecino que pasea y hace sus recados en silla de ruedas acompañado de su mascota, que se encarga de animarle, ayudarle y sin duda ninguna protegerle. Le anima con sus saltos, sus idas y bendigas, y le protege sin duda, porque a ver quien se atreve a meterse con él teniendo tal escudero. Y lo que es más asombroso, le ayuda a empujar la silla de ruedas sin que nadie le haya enseñado y sin que nadie se lo haya pedido.
Motu proprio, es decir, por propia iniciativa. Se dio cuenta de que su dueño tenía que esforzarse en dar vueltas a las ruedas de su silla y sin que su dueño se lo pidiese, 'Curro' se colocó detrás de la silla, metió la cabeza bajo el asiento y comenzó a empujar. El espectáculo de 'Curro' empujando a buena marcha la silla de ruedas por la calle es un espectáculo tan simpático como asombroso. Su dueño sólo se tiene que preocupar de dirigir la silla y frenar cuando llegan al semáforo.
Naturalmente que 'Curro' no siempre camina empujando la silla con la cabeza bajo el asiento. Alterna estos ratos de tracción con otros de solaz y esparcimiento saltando, yendo y viniendo en torno a la silla de su dueño y de esta forma alegre y cariñosa, pasea con su dueño combinando la doble tarea de motor y compañía.
Un día me encontré a 'Curro' sentado en la puerta de la panadería esperando a su dueño, que había entrado a comprar el pan. Allí estaba con cara alegre, al pie del cañón, lo que no quita para que su espíritu juvenil se divierta si llega el caso con algún convecino, corriendo en busca de cualquier cosa que le tiren para que vaya a buscarla.
Pero ¿ah! En cuando su dueño sale de la tienda, se acabo la diversión. 'Curro' tiene una misión que cumplir y allá se van dueño y can, uno sentado y otro empujando, ofreciendo un espectáculo, tan simpático como sorprendente.









