
El fuego se desencadenó, por causas que de momento se desconocen, en la madrugada del pasado jueves en una de las naves que la empresa Aislamientos Eléctricos Fertor posee en Bedia. La virulencia de las llamas obligó a intervenir durante más de diez horas a una treintena de bomberos, que tuvieron que derribar el pabellón ante el evidente riesgo de ruina. Ayer por la tarde los bomberos seguían echando agua a los escombros ante el temor de que el fuego pudiera reavivarse nuevamente y, según indicaron gráficamente, «hay para rato».
Además de los bomberos, los operarios de Fertor, una empresa con cerca de cuarenta empleados, se afanaban ayer en retirar las máquinas que se habían salvado del fuego. Los responsables de la firma, dedicada a la fabricación de aislantes y componentes electrónicos, no se atrevieron a valorar aún los daños, aunque anunciaron su intención de reanudar la producción «en otro lugar». Un trabajador calculaba que el pabellón calcinado «tardará en reconstruirse, al menos, tres o cuatro meses», ya que la estructura general ha quedado dañada y «debe ser revisada». Junto a la nave calcinada, Fertor posee un segundo recinto que también ha sufrido daños pero sigue en pie. La firma ocupa la zona central de una larguísima nave que alberga otras seis empresas.
«Desastre»
Los negocios más próximos al pabellón incendiado continuaban ayer con su actividad, aunque corrieron una suerte dispar. Casi ajenos al caos, una fábrica de materiales de cocina situada en las inmediaciones de la nave siniestrada se felicitaba porque el fuego «apenas ha ennegrecido la pared. No ha habido más daños», confirmaba una trabajadora.
La otra cara de la moneda, la empresa Biplaxt, ubicada a la izquierda del pabellón incendiado, con el que compartía una pared. Sus responsables esperaban al desescombro para poder calcular con precisión «el desastre». «El local ha quedado inservible al menos hasta después de verano», relataba uno de los socios del negocio, Luis Aguirre.
«Si la máquina de pintura que teníamos se ha estropeado por el fuego o por el agua, los daños pueden llegar al millón de euros», cifraba. «Si se nos hubiera quemado parte de la producción no sería tan grave, pero ha afectado a la zona de acabado de las piezas», lamentaba.










