Para Ana Larrea, madre de dos hijos de 7 y 3 años, el tema del alcohol no le preocupa tanto, pero sí los «boquetes» que se aprecian en varias partes de las instalaciones. «Son un auténtico peligro. Supuestamente vienes aquí a estar tranquila con tus hijos y no puedes. Es para no volver. Los agujeros no están bien protegidos. ¿Qué pasa si un niño se cae por uno de ellos? Pues se mata. Y ya de noche ni te cuento, sin luces de advertencia ni nada metes la pierna y te la partes por cuatro sitios». Su marido Mikel es de la misma opinión. «Aquí se ha hecho algo mal desde el principio porque los agujeros en el pavimento ya aparecieron hace al menos 4 ó 5 años. Pero no pasa nada. Ni responsabilidades ni nada. ¿Es una vergüenza!».










