
A pesar de que han pasado más de 20 años del cierre de la empresa, un reducido grupo de eibarreses nunca abandonó su admiración por estos modelos tan clásicos de motocicletas. Éste es el caso de José Antonio Paredes, Alfonso Rojo y Juan Cristóbal Rojo, que comparten una afición que les llevó, en 2004, a constituir el Club Lambretta junto a otros tres compañeros más. En poco tiempo, ellos fueron capaces de 'contagiar' su pasión a un buen número de eibarreses, y los afiliados al club son ya casi ochenta. Han dado a conocer las Lambrettas entre las nuevas generaciones y han conseguido que muchos se animen a restaurar este tipo de vehículos que se encontraban 'agonizando' en garajes y trasteros. Una treintena de Lambrettas han «salido del armario», y muchas de ellas ya se pueden ver circulando por las calles eibarresas ante el asombro de los transeúntes.
JUAN CRISTÓBAL ROJO
125 LI. Año: 1967
«La generosa»
Juan Cristóbal Rojo ha bautizado a su Lambretta como 'La generosa'. En su opinión, la generosidad es una de las cualidades de este tipo de motos, y sobre todo de la suya. «Dá el máximo de sí misma, y nunca en la vida te deja tirado en la carretera», explica. «Además, pide muy poca gasolina». Como habitualmente suele decir a sus amigos, «me lleva generosamente, tanto por rutas dulces como sinuosas».
Lleva muy poco tiempo con ella, desde diciembre de 2006, pero está muy orgulloso de su moto. «Es la que sale en el cartel anunciador de la concentración motera del club», declara. «Además, se trata de un modelo muy difícil de ver, porque se fabricaron muy pocos de este estilo».
Desde que la compró, hace apenas siete meses, ha estado restaurándola. Ha llegado justo a tiempo para la concentración motera eibarresa, dónde hará su debut oficial. «A partir de ahora ya está preparada para un uso diario». 'La generosa' llevaba más de veinte años parada y abandonada, pero Juan Cristóbal ha conseguido que parezca recién estrenada.
Juan Cristóbal destaca de las Lambrettas su elegancia. «Son motos bonitas, que a poco que la cuides, brillan por sí mismas». Por ello, animan a todo aquel que tenga una Lambretta abandonada a que la restaure. «Es ideal para andar en un lugar como Eibar. No hay cuesta que se le resista, y por su pequeño tamaño, se puede aparcar en cualquier sitio», afirma.
ALFONSO ROJO
Patinete. Año: 1955
«Un modelo único»
Alfonso Rojo tiene su Lambretta desde hace 10 años. Un modelo conocido como 'Patinete', fabricado en el año 55. Hoy luce como si fuera nueva, pero lo que un amigo le regaló hace una década no «eran más que los restos», y como muchos de sus colegas, llevó a cabo la labor de restaurarla. Su afición por las motos y los coches le viene desde pequeño. Además, le van los modelos antiguos. Además de su restaurada Lambretta, posee un Renault Alpine de los años 60 en perfecto estado de conservación.
Afirma con orgullo, que su Lambretta es un «modelo único», y que «a diferencia de las demás, posee el freno en el lado izquierdo en vez de en el derecho». Lo que más le gusta a Alfonso de su moto es «su diseño, su línea, lo bonita y lo sencilla que es al mismo tiempo».
La cuida como si fuera una reliquia. No le da mucho uso, únicamente cuando acude a las concentraciones. «Para mí es como una pieza de museo, la tengo más para observarla que para usarla», afirma. Eso sí, siempre la tiene a punto, «y funciona perfectamente». En cuanto al mantenimiento, Alfonso afirma que en el caso de las Lambrettas, «es muy sencillo». «Se encuentran con facilidad todas las piezas. No tiene ningún misterio», recalca.
A su alrededor, tanto Alfonso como sus compañeros tienen que aguantar las críticas de quienes no comparten su afición. «Hay gente que nos dice que estamos chalados, que las Lambrettas no son más que trastos viejos», afirma. «Sin embargo, cuando la gente ve una Lambretta pasar se queda mirando. Es el tipo de moto que hace que la gente se quede asombrada».
JOSE ANTONIO PAREDES
LI 150 Special. Año: 1966
«Para escapaditas»
Jose Antonio Paredes, a los veinte años, ya sabía lo que era tener una Lambretta. «Eran los años 80, y yo tenía una de las más modernas, de los últimos modelos que se hicieron». Después, comenzó a interesarse por los diseños más clásicos, los de los años 60, y compró una hace seis años. Su testimonio demuestra la calidad de las Lambrettas eibarresas, «su anterior propietario le daba un uso diario, y todavía estaba en muy buenas condiciones».
A Paredes, su moto le sirve «para hacer algunas escapaditas». Asegura que la pasea habitualmente «por el pueblo», e incluso la coge para «ir hasta Deba a tomar algo».
Para este eibarrés, detrás de cada Lambretta hay una historia. «Lo mejor de las concentraciones moteras es que te permite conocer, a través de sus propietarios, la historia de cada una de ellas», afirma.
Casado y con tres hijos, afirma que ha conseguido transmitir su afición a sus pequeños. «Todos quieren ir conmigo en la moto, sobre todo la pequeña de seis años».






