
Primero, saben que se lo van a pensar mucho, mucho, el tener un hijo/a. Precisamente por lo que les estoy diciendo, porque saben cómo se portan ellos de mal con sus padres y madres. Segundo, no están dispuestos mentalmente a pasar lo que saben que están pasando sus padres y les empieza a rondar por la cabeza que un cachete a tiempo tampoco viene tan mal, y que no sería mala idea que a los profesores se les tratara de usted; para ir empezando por algo.
Llevo por encima de los treinta años dando clases. Siempre en un instituto público. Yo fui de aquellos que apeamos a los alumnos/as del tratamiento por los años 70 u 80. Ahora, leo que hicimos mal y que debe volverse al ustedeo. Les voy a contar. Lo hemos hablado entre los profesores -ninguno por debajo de los veinticinco años de experiencia- y nos ha entrado a todos la risa. Hemos comentado, ¿muy bueno!, así por lo menos cuando el alumno nos vaya a insultar lo hará con educación: perdone, don tal, es un usted un cual. ¿Qué gran ventaja!
El detalle del tuteo lo adoptamos entre un conjunto de medidas tendentes a sustituir el modelo represivo del nacional-catolicismo por otro basado en la libertad y la responsabilidad. Tengo que opinar que no me ha ido mal en absoluto y que estoy muy satisfecho con la decisión. La inmensa mayoría, repito la inmensa mayoría de los alumnos/as que han pasado por mi centro han respondido perfectamente al esquema que les proponíamos. Respeto mutuo de arriba a abajo y de abajo a arriba. Siempre hemos mantenido la necesidad de establecer esa relación.
Durante muchos años mi centro funcionó sin reglamento de régimen interno y sin necesidad de aplicar medida disciplinaria extraordinaria alguna. Es verdad, también, que siempre tuvimos un punto de alumnos/as que no eran capaces de entender el juego, pero también que, cuando analizábamos las circunstancias, su comportamiento, aparecían con regularidad elementos de desestructuración o de marginación en la familia de referencia.
Hoy, ¿qué tengo que decir? Evidentemente que las cosas no van así. El número de conflictos ha aumentado. Esto es innegable. No hablo de mi centro, sino de los centros en general. Y como escribo para Vitoria quiero aclarar que ésta es una ciudad en la que la responsabilidad de la educación de sus jóvenes ha recaído fundamentalmente en los centros concertados, de titulación -teórica al menos- religiosa en su mayoría. Y que es precisamente desde este tipo de centros desde donde han partido las medidas extraordinarias de orden interno, como el contratar un guardia de seguridad o el establecer un reglamento interno propio para los alumnos/as especialmente restrictivo. Quiero decir que no es un problema de uno o de otros. Sabemos que las cosas están peor en todos; lo demás son demagogias y propaganda barata.
Ahora bien, esto es así. Los centros admiten mayores tensiones entre profesores y alumnos, y entre alumnos y alumnos. Los propios estudiantes/as comprenden que ellos no consentirían a sus hijos determinados comportamientos. ¿Y qué se nos ocurre como solución? Que los muchachos vuelvan al usted. No es que lo diga el presidente derechón francés; lo ratifica un genuino representante de nuestra inteligencia de izquierdas.
Lo voy a decir una vez más y luego prometo que me callo. No quiero que me digan que soy un pelma, como hacen mis alumnos, con todo el cariño, eso sí.
El mayor esfuerzo, la mayor preocupación, los trabajos más importantes de una sociedad deben ser procurar la buena educación de sus generaciones de relevo. Para ello, y puesto que educar significa dirigir hacia, es fundamental tener claro hacia dónde se quiere llegar. Esto es, definir unos valores de comportamiento individual que sean constructores de una buena convivencia social, y dedicarse todos a dirigir a los jóvenes por ese camino. Lógicamente, y en primer lugar, los padres y madres, que son los únicos responsables de lo que ocurra con sus hijos. Y con la ayuda de la escuela, desde luego, pero sólo con la ayuda de.
Vuelvo a lo mío. Educar en la libertad y en la responsabilidad sigue siendo un método válido. En los dos valores. No, como ha ocurrido, que se nos ha perdido el segundo en el viaje. Lo que ocurre es que, para poder educar de esta manera, toda la sociedad tiene que caminar por el mismo frente. En este sentido, una sociedad liderada por el egoísmo, como la actual, no tiene más futuro que el que estamos viendo, y nos preocupa. Es inútil echar balones fuera, y mucho menos culpabilizar a la mala o buena educación en el tratamiento. Una sociedad en la que quienes practican los comportamientos más antisociales pueden tener un papel público como referencia tiene un mal destino ante sí.
Es necesario actuar con vigor y con urgencia sobre nuestros propios comportamientos, no tanto sobre los de nuestros hijos. Es la sociedad la que se tiene que armar de valores éticos y sociales positivos, para poder presentarlos como naturales a los que vienen. Es absurdo pensar que lo que no se hace en las casas, en la calle, en los medios de comunicación se vaya a conseguir en la escuela, sea pública o concertada, religiosa (¿existe tal escuela?) o laica. Y menos si lo primero que se les ocurre a los pensantes es proponernos que enseñemos a los alumnos/as conjugar los verbos con usted.








